Tres poemas de Ocean Vuong

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:55 a. m.

Algún día amaré a Ocean Vuong

Ocean, no temas.
El fin del camino es tan lejano
que ya está detrás nuestro.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que algo de ti lo olvide. Así como la espalda
olvida que alguna vez tuvo alas
sin importar cuantas veces nuestras rodillas
besaron el pavimento. ¿Estás
escuchando, Ocean? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que la sombra de tu madre caiga.
Aquí está el hogar de la infancia,
cercenada hasta ser un simple alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llama al horizonte 
y nunca lo alcanzarás.
Aquí está el presente. Salta. Te juro
que no es un bote salvavidas. Aquí está el hombre
cuyos brazos son lo suficientemente grandes
como para detener tu partida. Y he aquí el momento,
justo después de que las luces se apaguen, cuando aún puedes ver
la débil antorcha que yace en su entrepierna.
La forma en que la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y se te dio una boca para ser vaciada.
No tengas miedo, el tiroteo
no es otra cosa que el sonido de la gente
intentando vivir un poquito más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es aquella a donde se dirige. Y recuerda,
la soledad sigue siendo un rato que vives
con el mundo. Aquí está
la habitación que todos habitan.
Tus amigos muertos te
atraviesan como cuando el viento
hace sonar a las campanas. Aquí está la mesa
con la pata floja y un ladrillo
para enderezarla. Sí, aquí está una habitación
tan cálida y tan pequeña,
y te juro, despertarás:
creerás que estas paredes
son piel.



Sin título (azul, verde y marrón): óleo sobre tela. Mark Rothko: 1952

En la tele dijeron que los aviones se estrellaron en los edificios
y yo dije  cuando pediste que me quedara.
Tal vez rezamos de rodillas porque El Señor
sólo escucha cuando se está así de cerca
del demonio. Quiero decirte tantas cosas:
mi premio más grande fue el caminar
por el puente de Brooklyn y no pensar
en los aviones. Vivimos como el agua: tocando
una lengua nueva sin decir
todo lo que hemos pasado. Ellos dicen que el cielo es azul
pero yo sé que es negro cuando lo miras entre mucho aire.
Siempre recordarás lo que hacías
cuando duela mucho. Quiero decirte tantas cosas
pero sólo me he ganado una vida, y ya no tengo nada. Nada. Sólo
un par de dientes. La tele sigue diciendo los aviones...
los aviones... y yo sigo esperando en esta habitación
hecha de pájaros muertos. Sus alas vibran entre
los muros borrosos. Sólo tú estabas ahí.
Tú eras la ventana.



DetoNación

Hay un chiste que termina con un: ¿qué?
Es la bomba que dice aquí está tu padre.

He aquí tu padre
dentro de tus pulmones. Mira qué liviana

es la tierra después de todo.
Incluso luego de escribir la palabra padre

se siente como esculpir un fragmento del día
en una página iluminada por la explosión.

Hay demasiada luz como para ahogarse
pero no la suficiente como para que entre a los huesos

y permanezca. No te quedes aquí, mi niño
roto por el nombre de las flores. No sufras

más. Así que corrí hacia la noche.
La noche: mi sombra extendiéndose

hacia mi padre.












Ocean Vuong (Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam. 1988). Es un poeta y ensayista nacionalizado estadounidense. Es autor de los libros "Burnings" (Sibling Rivalry Press 2010), "No" (YesYes Books 2013) y "Night sky with exit wounds" (Copper Canyon Press 2016).

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