Un Golden Retriever siendo feliz en la playa de Gijón

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 5:16 a. m.

Bertha
estoy frente al mar
y en mi dolor y mi alegría
se encuentran todos los jugos de tu vientre,
en ti hay otro mar que le da oxígeno
a esa niña que yo quise;
no tiene en su sangre la voz que sale de mis poemas
ni el alcohol que empapa las pestañas de mi padre
o el dulce odio de mi madre hacia lo que no podemos entender.

Tu hija no llevará en su huella el aliento de mi amor.
Cada poema que nace de mis árboles lleva la voz de su madre,
y sus gritos y su hambre y ese aroma azul de jengibre y saliva.
Bertha, mira en lo que me he convertido:
un acorde insignificante, un perro sin sangre abandonado en la playa,
una lengua reseca en el beso de dos infelices
que pronto explotarán en una parvada de gaviotas.

Bertha
estoy frente al mar
sin ganas de matarme en él
o con él.
Me como una hamburguesa pensando en qué dirías
tomadita de mi mano en esta rara ciudad de España,
con tu vientre aún plano y tus piernas llenas de arena.
Bertha estoy recogiendo monedas de bronce
corroídas por la sal del cantábrico.
Compremos vino y frutas raras
que determinen la desesperación de nuestras manos;
compremos un hotel entero, miles de banderas catalanas,
miles de ikurriñas, y escúpelas u orínalas
luego de cubrirlas con flores, incéndialas o
mójalas con cerveza. Odia España conmigo, Bertha,
ama a Luna y besa su vientre hinchado
como si no entendieras nada de eso, odia España conmigo Bertha,
sus doblajes malos y su ebriedad constante Bertha ama conmigo
a Oscar y a Vicente bailemos con ellos Bertha drógate conmigo
no hay nada en tu vientre morir juntos no era algo triste Bertha
odia a España escúpele a Pablo Iglesias por parecerse a Ramiro
ama conmigo el acento andaluz y también al gitano que nos mira
desde lo más profundo de su odio.
Bertha, que acabe esta pesadilla, que esta playa
y este hotel dejen de oler tanto a azufre.

Bertha
tu hija da vueltas en el agua de tu vientre
cuando desde este mar la imagino dormida en tus brazos,
llorando el primer día de clases, cerrando los ojos
ante la primer mano del primer hombre que tocará
por primera vez sus pechos. Bertha, tu hija
da vueltas como el reflejo del sol en el mar
cuando le hablo con la boca llena de caracoles y arena
e imagino su espalda, blanca como el amor que me diste,
como la nieve que cubrió nuestra cabaña, como los ojos
del ahogado que encontramos cuando el odio nos ahogó.

Pienso en tu hija, Bertha,
no en ti.
(Entiendo esta marcada diferencia
entre pies, arena y mar);
tú estás lejos,
       apenas el débil aviso de un faro.
Yo estoy con la sombra de tu hija
tomada de mi mano
y juntos vemos a una ancianita asturiana
bañándose en la espuma del cantábrico
con su Golden Retriever.


(7 de noviembre del 2015 / Gijón Asturias)




12/11/15

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