Tres poemas de Kim Addonizio

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:43 a. m.

Formas de amar

Te amo pero soy casada.
Te amo pero desearía que tuvieras cabello.
Te amo más.
Te amo más como amigo.
Amo a tus amigos más que a ti.
Te amo cuando vamos al centro comercial y se escucha música de centro comercial,
siempre puedes decir el nombre del compositor.
Te amo, pero uno o ambos es/somos una ficción.
Te amo pero "te" es un inestable significante.
Te amo cuando dices, "entiendo la semiótica de eso" cuando yo digo "tengo
 un pequeño asunto del cual encargarme".
Te amo mientras tú me ames.
Te amo a pesar de la orden de restricción.
Te amo desde el coma que me indujiste.
Te amo más de lo que he amado a alguien, a excepción
de este muchacho.
Te amo cuando no te pones borracho y estúpido.
Amo cómo me atrapas.
Amo tu dolor, es tan competitivo.
Amo lo incapaz que eres emocionalmente.
Te amo como si yo fuera el patio trasero de un extraño y tú estás huyendo
de la policía, buscando un lugar donde esconder tu pistola.
Amo tu cabello.
Te amo pero ya no estoy en ti.
Te amo en secreto.
Amo que me hagas sentir como un monasterio en el desierto.
Amo la manera en que defines a las cosas bellas como la pequeña vuelta que da la sangre en
la jeringa cuando te inyectas heroína, después de jalar el émbolo muy despacio
para asegurarte que diste en la vena.
Amo a tu madre, es lo opuesto de la mía.
Te amo y siento una poderosa conexión espiritual contigo, a pesar
de nunca habernos conocido.
¡Amo tus tacos! ¡Amo tu desodorante en barra!
¡Amo cuando me atas con cuerdas usando los nudos que
aprendiste con los Boy Scouts, y cuando haces el rap drogado
de Dennis Hopper en Apocalypse Now!
¡Amo tus extravagantes reacciones tardías!
¡Amo a tu madre, a pesar de que casi tengo su edad!
¡Amo todo de ti, excepto tu cabello!
Si no fuera por eso, yo podría de verdad, de verdad, amarte.



Extraterrestres 

Ahora que al fin eres feliz,
te das cuenta lo infelices que son tus amigos.
Una te llama desde un teléfono público, llora.
Su esposo tenía cáncer, hace algunos meses,
quizá menos, antes de que su cuerpo se rindiera.
Ella siempre está cansada, apenas come.
¿Qué podrías decir para ayudarla?
Tú, tú mismo, eres voraz.
Llegas intensamente con tu nuevo amante,
te preguntas si te has convertido
en otra persona. Tal vez un extraterrestre
se ha metido en tu cuerpo
para que puedas disfrutar la buena vida
aquí en la tierra: ron oscuro y jugo de uva,
tener sexo en el piso de la cocina,
luego bañarse juntos y salir
a comer y comer. Cuando tus amigos llaman
la mujer bebe mucho, la que perdió
a su hermano, el ex-amante cuyo oído derecho
se apagó y luego zumbaba.
El extraterrestre no quiere escuchar.
Más comida, gimotea. Métemela otra vez,
susurra, y después iremos al circo.
Suena el teléfono, no respondas.
Buscas un pastel de mantequilla,
mastícalo mientras la habitación
se llena de extraterrestres, criaturas errantes
acribilladas por las estrellas,
que vibran en el aire del delirio,
deseando bajar y unirse a ti
buscando un sitio donde descansar.


Niña mala

Ella es la que duerme todo el día en la habitación
que está atrás de tu cerebro. Ella despierta
con el sonido del corcho que sale
de la botella, la hueca aceituna

sumergida en el gin. Ella es más linda que tú
y en estos momentos la estás aburriendo,
sentado allí, bebes mientras ella quiere
posar en la orilla de la copa, desnuda,

bucear hasta el fondo y acostarse,
mirar hacia arriba, sorprendida por la manera en el mundo
vacila y luego se clarifica. Tú no
la dejarás. La has encerrado

con su perfume y sus novelas baratas,
su honda necesidad de problemas. Ella es
la que te llama desde el cerrojo,
luego se escabulle por la ventana

y rasga su vestido.
No puedes imaginar a dónde se fue,
o con quién despertarás tú
cuando finalmente despiertes,

tu cabeza palpita como un corazón.
Es ella quien te aterroriza,
la que te impulsa a seguir adelante
y desaparecer completamente. No es que

los otros hombres se estén dando cuenta, no eres
tú volteando a verlos aventándoles la luz.
Estás en cuclillas en un rincón, deshaciéndote,
Ella está enamorada de ti. Ella es la indicada.




Kim Addonizio (Maryland 1954). Ha publicado poesía, relatos y ensayo. Becaria Guggenheim en dos ocasiones y finalista del National Book Award por su libro Tell Me. 



17 de diciembre del 2014

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