Dos poemas de Edgar Lee Masters

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 9:59 p. m.

La Colina

¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charlie,
el débil de voluntad, el fuerte de brazos, el payaso,
       el ebrio, el contencioso?
Todos, todos duermen en la colina.

Uno murió de fiebre,
uno se incendió en la mina,
a uno lo mataron en la pelea,
uno murió en la cárcel,
uno cayó del puente trabajando por su mujer y sus hijos.
Todos, todos duermen en la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
la del corazón tierno, la del alma simple, la ruidosa, la orgullosa,
      la feliz?
Todas, todas duermen en la colina.

Una murió en un vergonzoso parto,
una de un amor frustrado,
una en las manos de un idiota en el burdel,
una por el orgullo roto, en la búsqueda del deseo,
una, después de vivir lejos, en Londres y París,
regresó por Ella, Kate y Mag,
      a casa.
Todas duermen, duermen, duermen en la colina.

¿Dónde está el Tío Isaac y la Tía Emily,
y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
y el Alcalde Walker que llegó a platicar
con los venerables hombres de la revolución?
Todos, todos, duermen en la colina.

Trajeron de la guerra a los hijos muertos,
y las hijas cuya vida fue aplastada por la vida.
Y los niños sin padre, llorando.
Todos, todos duermen, duermen, duermen en la colina.

¿Dónde está el viejo Fiddler Jones,
que jugaba con la vida en sus noventa años
desafiando a la nieve con el pecho desnudo,
bebiendo, alborotando, sin pensar en su esposa o sus parientes,
ni en el oro, el amor, o la gloria?
¡Ah! balbucea acerca del pescado frito de hace años,
de las carreras de caballos en Clary's Grove,
de lo que Abe Lincoln dijo
aquel día en Springfield.


Elizabeth Childers

Polvo de mi polvo,
y polvo con mi polvo.
Oh, niño muerto en la entrada del mundo,
¡muerto con mi muerte!
Sin conocer algún aliento, luchaste con fuerza
usando tu corazón que latía cuando estabas conmigo
y que se detuvo cuando me dejaste para siempre.
Está bien, mi niño. Está bien que no hicieras el largo viaje
el largo, largo camino que comienza en los días del colegio,
donde pequeños dedos se desvanecen bajo las lágrimas.
Aquel otoño de cartas arrugadas.
Y la herida de antaño, cuando algún amiguito
te deja por otro;
y la enfermedad, y la cara del Miedo en la cama;
la muerte de un padre y una madre;
la vergüenza de ellos, o la pobreza;
la dama de la tristeza en los últimos días de escuela;
y el ciego impulso que te hace beber
de la copa del amor a sabiendas que está envenenada;
¿a quién habría levantado tu cara de flor?
¿al botánico? ¿al cobarde? ¿que sangre ha sido llorada por ti?
pura o sucia, no tiene importancia,
es la sangre la que llama a nuestra sangre.
Y tus hijos. Oh, ¿qué habría sido de ellos
y de tu dolor? ¡Hijo! ¡Hijo!
¡La muerte es mejor que la vida!




Edgar Lee Masters (GarnettKansas23 de agosto de 1868 - Melrose ParkPensilvania5 de marzo de 1950), poeta, biógrafo y dramaturgo estadounidense. Obras suyas son The New Star Chamber and Other EssaysSongs and SatiresThe Great ValleyThe Spleen e Illinois Poems. En total, Masters ha publicado doce piezas teatrales, veintiún poemarios, seis novelas y seis biografías, entre ellas las de Abraham Lincoln, Mark Twain, Vachel Lindsay y Walt Whitman.








16 de diciembre / 2013

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