Poema de muerte que busca ganarse 325 pesos

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:09 p. m.

Su sonrisa
clavada en la pared
por las dos comisuras superiores.
La parte baja flotaba
refrescando la frente
de la dormida.
- Yannis Ritsos


(Me dijo un peruano que algunos nacimos un día
en que Dios tenía diarrea
o viruela
o jaqueca.
Hola, soy Jesús, tengo diecinueve años y Sartre esta afectándome de sobremanera.
El mundo esta lleno de gente mala
porque cuando uno hace las cosas enfermo
le salen muy mal.
El poeta dará a luz un diluvio que ahogará
hasta al más insignificante insecto)

Me pidieron escribir un poema sobre la muerte;
yo cierro los ojos
dentro tengo crisantemos
que me perfuman los párpados.
Mis ojos tienen calaveras
que someten al mundo que quiero comprender.

La gente viva quiere ver la nuca de la muerte
yo sólo quiero bailar.

EL POETA ES UN NIÑO DESNUDO QUE SE CONVULSIONA
SOBRE LAS FLORES DE LA MUERTE

Entonces si escribo sobre la muerte estaría arañando la piel
que recubre al mundo.
Si escribo sobre la muerte estaría encerrando entre mis manos a ese miedo
que nos palpita cuando vemos la insignificancia
de las palabras.

Muertecita
princesa arbórea de los incongruentes
me pidieron escribirte un poema
pero yo
- pajarraco ensombrecido por tus hojas -
me acobardo
porque me sé vulnerable
no a ti
sino a esos que te escriben
usando palabras que yo no puedo entender.

(Si yo también nací un día
en que Dios estuvo enfermo,
entonces merezco morir
en la ingenuidad de mis convulsiones)

Miro al cielo
mis ojos son dos revolvers enfermos
que siembran balas en las nubes
para que las chicas lloren cuando llueva
pensando en la muerte
o en los poemas que quieren resucitar al mundo.

Mis huellas son las lágrimas que la luz del día te escurrió por la espalda.
Yo acaricio tu espalda con la fuerza que usa la muerte cuando se ríe
al leer los poemas que le escribe mi miedo.

Si este poema gana el concurso me darán 325 pesos
      pero eso nunca podrá comprar a la muerte
La poesía podrá ser un soplo de luz para la garganta de mudo
      pero eso nunca podrá apagar a la muerte
La vida podrá creerse un camaelón inerte en medio de la tormenta
      pero eso nunca podrá cambiar el color de la muerte

Si me zambullo en el fuego de un par de ojos ennochecidos
la muerte vendrá a darme palmaditas en la espalda.

                  Sólo soy yo cuando me equivoco
y la muerte lo tiene todo agendado.

Algún día escucharé el cascabeleo de sus huesitos
cuando alguna infernal diarrea me atormente, o la viruela me desfigure.
No
La muerte vendrá por mí cuando esa monstruosa jaqueca nuble mi vista
y ya no me deje seguir matando al mundo con cada parpadeo.








Nueve de Noviembre del 2011

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