Le Soleil

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:52 p. m.




Soy Tauro, del 92, hijo de Jesús y Liduvina, hermano de Adán y Eva, tío de Emiliano y Emma, divorciado de María José, viudo de Edna y fantasma de Stephania. Tengo diez dedos largos que son el despertador de las siestas vespertinas. Uso anteojos desde segundo de secundaria porque le tengo miedo al dolor. Me gusta la gente que sabe que algún día tiene que morir, la gente que cuando es amaraga puede hacer que los limones exploten, la gente que cuando es feliz puede volar de casa en casa. Cuando tenía cinco años estaba aferrado a que los elefantes no existían, dos años antes una pastilla de menta casi termina con mi vida en un grosero pandemonio de gritos y respiraciones de boca a boca, doce años después mi primera resucitación fue en un cine frente a una película que sigo confundiendo con todo un contexto de puentes verdes en la mitad de la tarde. Me enamoro con la misma velocidad del mundo, mi amor gira hasta encontrarse conmigo mismo y la inmensidad del universo, pero no me gusta soportarlo. Descubrí el tabaco hace seis meses (como una prueba del luto) y el alcohol hace dos semanas (como un recordatorio genético), tengo amigos que pueden ser como manchas negras en papel blanco o grumos de leche en el desayuno de algún puberto adinerado, tengo amigos como el humo del sol o el olor de la luna, tengo amigos que esconden cadáveres en la cajuela del coche para que el viaje valga más la pena, tengo amigos que maquillan la sangre y regulan el dolor con un dolor más café. Estoy enamorado del sueño y de una mujer, sin embargo, ambos me resultan tan peligrosos que prefiero bañarme con agua helada y soltar las riendas de estos cuatro caballos que quieren ir donde a cada uno les place, como una música que se desentierra de la memoria y brota frutos de carne ácida. Considero al perro como la parte más humana del hombre que se emancipó por fuerzas divinas, tengo dos, uno blanco y uno negro, uno le ladra a todo lo que se mueve y otro es tierno con todo lo que se mueve, a fin de cuentas todo dueño se parece a su perro. Escribo porque así no me desmiento, escribo porque es como un choque eléctrico que se almacena en mis hombros y duele no soltarlo, como si me tirara de un edificio donde dentro solo había plantas púrpura y gente burlándose, escribo porque no pienso y ese es el cáncer más reciente de mi historial de vida, tengo que solucionarlo y llegar al silencio, al silencio, quiero silencio y paz.


5/6/10

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