Le Toille

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 9:57 p. m.

"Si quieres saber quienes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel."
- Charles Bukowski



El día en que muera, quiero que pase lo siguiente:

Mi cuerpo deberá ser velado en una habitación totalmente desprovista de artículo alguno, las paredes, techo y suelo deberán estar pintados de blanco. las ventanas sin reja y siempre descubiertas, igualmente mi cuerpo deberá ser velado única y exclusivamente en un día lluvioso, en caso de que el clima no sea el indicado, el velorio deberá ser atrasado hasta que la lluvia caiga sin importar que mi cuerpo se pudra más y más. Deberé estar vestido con un conjunto designado por un concilio de todas las mujeres con las que tuve sexo alguna vez. En los bolsillos de mis pantalones deberán poner un puñado de vellos púbicos, obviamente, pertenecientes a cada una de las mujeres a las cuales les dije "te amo" alguna vez. El ataúd deberá ser de algún ébano derribado por un relámpago en un jueves, sobre la madera deberán eyacular mis amigos por lo menos dos veces ayudados por la pornografía más asquerosa jamás vista por el hombre. Para los dolientes hambrientos se deberán predisponer tres mesas, una con exclusivamente platillos con carne (para los que comen carne) otra con platillos vegetarianos (para los que no comemos carne) y otra con una caprichosa mezcla de verduras con carne (para los que nos hacemos decir vegetarianos pero a veces está cabrón) de beber sólo habrá leche. Veinte músicos disfrazados de mariachis (todos homosexuales) deberán tocar sin descanso un jazz monstruoso que se intercale con la más melancólica melodía judía. Cada que vayan a ver mi desalmado cuerpo en mi caja, deberán lamer el cristal y posteriormente contarme un chiste, el que no lo haga deberá ser expulsado a patadas del recinto inmediatamente. En las cuatro esquinas del cuarto donde yazca mi cadáver deberán estár cuatro urnas de cuatro distintos colores (Mario, mi mejor amigo, determinará los colores) dentro de las urnas deberán introducir letras de narcocorridos para luego ser quemados e inhalados por alguno de los quince pordioseros que, obligatoriamente, deberán asistir al evento y serán atendidos con trato de rey. Todas mis pertenencias deberán ser regaladas el mismo día de mi muerte, igualmente, se deberán contratar cinco prostitutas para que corran por la ciudad, totalmente desnudas y únicamente con una grotesca tiara papal sobre sus cabezas. El último día en que mi cuerpo será velado, se deberán soltar mil pollitos en cada calle donde llegue a vivir, en el techo del edificio donde esté mi caja se deberán soltar fuegos artificiales (la cantidad será determinada por los años de vida que tuve en esta existencia), mi cuerpo será extraído por cuatro mujeres obesas a quienes se les pagará para que lloren amargamente, el conjunto de jazzriachi homosexual seguirá tocando hasta ese momento (si es preciso, para mantenerlos despiertos y con energía, podrán suministrarle supositorios de cocaína y cantidades descomunales de cafeína), mi cuerpo viajará por calles principales mientras que los magdalenos cantan canciones cristianas totalmente modificadas, antes de llegar al panteón (que deberá ser llenado con justa anterioridad con ciento veinte mil crisantemos azules) bajarán mi cuerpo a una fosa cavada justo frente a la recepción del cementerio, ahí me estarán esperando diez perros de diez razas distintas totalmente hambrientos, comerán de mi cuerpo lo que merezcan comer, cuando estén satisfechos, todos mis primos deberán recoger mis restos sin pudor, huesos y vísceras, para depositarlos en una caja de plástico naranja previamente desinfectada. Todo mundo deberá ir a su casa a comer un rico bistec con puré de papa a excepción de mis amigos, mis ex novias y mi viuda. Todos ellos platicarán con mis restos, me exigirán, me reprocharán, me gritarán y me agradecerán, me llorarán justamente y se reirán de las ridículas marcas de tuétano o del amanerado color rosa de mis vísceras. Todos ellos, tomados del dedo meñique, caminarán pateando esa caja naranja hasta dentro del campo santo, a lado de un sauce o un limonero cavarán un hoyo poco profundo donde, sin piedad, arrojarán lo que queda de mi materia para sepultarlo ayudándose de palas amarillas previamente perfumadas con pachuli y vainilla. Harán una fogata y pasarán la noche junto a mi osamenta, conversando, comiendo y pasándola bien. Al amanecer, cada quien seguirá con su vida no sin antes haber depositado en la coronilla de su cabeza un poco de tierra santa.

En caso de que mi muerte sea por suicidio, por favor solamente arrojen mi envoltura a las afueras de algún centro psiquiátrico.

24/6/10

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