Ryuichi Sakamoto

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:11 a. m.

Todo se pone cada vez más azul.
El ruido de las cosas que entiendo
va desenterrándose de aquella hermosa arena negra.
Nadie abrirá la puerta,
ningún ángel con voz de trueno
abrirá la ventana para decir mi nombre
en un idioma extraño;
el amor no perfumará la alfombra
donde sentado miro mis pies desnudos.
Nadie llamará por teléfono
para hacer las preguntas correctas.

Mientras tanto, todo se pone cada vez más azul,
y un disonante acorde sigue haciendo vibrar mi vaso
cada vez más cerca de la orilla de la mesa.

Todos estos colores guardan un secreto
que no vale la pena revelar.

No lo sé,
pero me importa.

Más allá de las gran oscuridad,
existen grillos y mujeres que lloran;
gente con hambre que aún así hace bromas
y niños con miedo que se masturban.
¿Por qué no los quiero ver?
¿Por qué es más fuerte el silencio de un amanecer
que siempre cantará la misma canción?

Las luces comienzan a encenderse.
No tengo sueño,
no tengo sueños.
Sonrío porque la belleza me aplasta,
y quizá en el fondo
soy un grillo que se emociona
con la música sin sentido
de la gente que encuentra la belleza en el hambre.

Quizá en el fondo
(porque todo tiene un límite,
me dijo el hermano que nunca tuve,
luego de que pasara tres días sin dormir)
la estúpida poesía
sea sólo un niño que se masturba y llora
mientras la ciudad abandona ese azul que significa algo
que a todo este miedo no le
importa.





Caracas
12 de agosto del 2017

Comments (0)