Tres poemas de Brian Patten

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 7:07 p. m.

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La inocencia de cualquier carne que duerme

Duermo a tu lado y sueño
que despierto a tu lado;
despierto a tu lado
y pienso que soñaba.

¿Alguna vez dormiste a lado del océano?
Pues sí,
es como eso.

Todo el movimiento de paisajes, de océanos,
está en ella.
Ella es
la inocencia de cualquier carne que duerme,
tan vulnerable
que no necesita que la protejan.

En tales momentos
el corazón se abre,
guarda en él todo lo que existe,
no hay más que ella.

¿En qué país está?
No lo sé.
Pero sé – porque hay un amor
que ensucia a todos los demonios –
que ella está bien.
Puedo girarme,
dormir bien a su lado.

Sueño que despierto a lado de ella.
Cuando sueño tales despertares
soy todos los sentidos del amor que se despiertan.


Canción de la fiesta

Él dijo:

"Quedémonos aquí
ahora que el lugar se vació
y hagamos dulce pornografía el uno con el otro
mientras los de la fiesta se van
y el amanecer se asoma
como un desconocido.

No dudemos
por las cosas que sabemos
o por lo frío que se ha puesto el lugar.
Descolguemos la mente
y liberemos
a este loco y mutilado amor cocodrilo".

Y entonces lo hicieron,
están entre la madreselva y latas de Guinness,
y más tarde él se subió a un autobús y ella a un tren
y todo lo que hubo entre ellos
fue la lluvia.

Ministro de educación

Cuando era niño hice un examen.
Eran preguntes muy simples.
No había manera de fallarlo.

P1. Describe el sabor de la Luna.

Sabe a la creación, escribí,
tiene el sabor del polvo estelar.

P2. ¿De qué color es el amor?

El amor es del color del agua que el hombre
perdido en el desierto encontró, escribí.

P3. ¿Por qué se derriten los copos de nieve?

Escribí, se derriten porque caen
sobre la tibia lengua de Dios.

Y había otras preguntas
y eran preguntas simples.

Describí el dolor de Adán
cuando fue expulsado del Edén.
Escribí el peso exacto
del sueño de un elefante.

Incluso hoy, luego de muchos años,
para sobrevivir barro calles
o limpio los baños de los grandes
hoteles.

¿Por qué? porque constantemente
reprobaba mis exámenes.
¿Por qué? Pues bueno, déjame hacer dos preguntas.

P1. ¿Qué tan grande es la imaginación
de un niño?
P2. ¿Qué tan aburrida es la mente
del Ministro de Educación?





               Brian Patten (Liverpool 1946)

Carta a Javier Corral

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:24 a. m.

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(Esta carta fue enviada a todos los medios de comunicación locales, estatales y nacionales que me fue posible).

10 de enero del 2017
1:10 AM
Chihuahua Chih.


Javier, disculpa que me dirija a ti de esta manera. Debes entender que la displicencia común de la clase política me ha orillado a tener un poquito de dignidad. No voy a dirigirme a ti como “mi gobernador”, epíteto que al parecer te resulta demasiado importante como para aclararlo al principio de ese video que grabaste en nuestro Parque Lerdo (las bancas azules son horribles, no te lo tomes personal, yo sé que eso de emparentarte con el PAN te resulta conflictivo). Sé que poco o nada te importará que te tutee; si algo le aprendiste a tu compadre El Bronco es a ser campechano, de barrio, igualadón, y si comienzo esta carta de esta manera no es por ser provocador: tú más que nadie sabes que lo intransigente es lo más seguro. Lo hago porque, simple y sencillamente, no siento que me representas. Me acuerdo de mis padres, Javier, militantes toda su vida de movimientos de resistencia (muy diferente a movimientos de izquierda, ese lado del tablero político al que siempre le coqueteas con la macha inteligencia de los norteños) hablándome de ti: Javier tomaba casetas, Javier escribía cosas muy duras en periódicos, Javier peleaba contra los monopolios de Televisa y Tv Azteca. ¿Pero qué queda de ti, Javier? O mejor dicho ¿Dónde está esa idea que siempre me formé de ti? Tengo 25 años y puedo ser ingenuo, pero nunca idiota. A lo que voy, Javier, es que yo no te creí nada de lo que dijiste en ese video grabado tan al natural en nuestro Parque Lerdo. Y no sólo yo (esto de generalizar se nos da muy bien a la gente normal, tú lo debes saber bien) sino que gran parte de la gente de Chihuahua que no te siente su gobernador entiende que tu discurso, por más progre y alivianado, cae en la misma pestilencia de todos los que atacaste alguna vez.


No te conozco, Javier, y ganas no me faltan. Me encantaría echarme una burguer contigo en ese puesto de la Aldama del que tanto hablabas en campaña y platicar sobre política, pero no se puede. Eres un hombre ocupado ¿Verdad?. Pero quisiera tocar tu corazón, con esta carta, haciéndote ver que muchas personas captan todas las veces que te mojas los labios con la lengua cuando hablas (regaña a tus asesores de imagen, deben saber ellos que esto evidencia inseguridad y hasta deshonestidad). Pero, si lo pensamos bien Javier ¿Cómo una persona como tú podría preocuparse por alguien como yo? Te apuesto lo que tengo en el refri a que para ti sólo soy un egresado universitario clase media que tiene un trabajo sin prestaciones sociales; un rarito que cree en la desobediencia civil como acto de dignificación política; un cero a la izquierda (ojalá caches el chiste) que no le hace ni cosquillas a tus aspiraciones políticas. Y tienes razón, Javier, soy eso, pero también lo son mis excompañeros de la universidad, mi familia y mis amigos y, no es por dármela de socialité, pero todas esas personas suman un número considerable, un número que deberías tener en mente tú y tu modernísimo equipo de trabajo.


Tranquilo, Javier, no estoy en plan de amenza. Poco o nada puedo hacerte y, si te soy sincero, creo que eres un tipo inteligente. A diferencia de tu antecesor, a ti no te imagino temblando de miedo y rodeado de gente con antorchas en la Plaza Mayor. Lo único que ganaste en las elecciones de junio fue el beneficio de la duda de toda una sociedad que por fin está comenzando a dimensionar lo que significa la clase política, esa clase a la que tú perteneces. Pero tú sí puedes confiar en mí y, déjame pecar de soberbio: hice la carrera en Letras Españolas y ya me leí a Gramsci de pies a cabeza entonces déjame darte un consejo, Javier. Sé congruente. Si hay algo de humanidad en ti deberías entender que el gran enemigo en común es el modelo neoliberal, y al ser un monstruo horrible de muchas cabezas, no se puede matar de un espadazo. Tu discurso en nuestro Parque Lerdo está lleno de un regionalismo cursi y un muy hipócrita e incoherente tono de “sí pero no pero sí”. No te permitas ser aplastado por los mismos engranes que están destruyendo a tu jefe, Enrique. No te permitas ser como ellos, y si siempre lo fuiste, no te sorprendas cuando tu Chihuahua amanezca volcado en tu contra.


Quiero cerrar esta carta, Javier, en un tono todavía más personal. No creo en tu partido y no creo en ti. No creo en Morena desde que desayunas con ellos. No creo en el PRI porque por su culpa mis nietos pagarán una deuda que no les corresponde pagar. No creo en tus empleados más cercanos ni en las Suburbans que rodean tu oficina desde que tomaste el poder. Pero en lo que sí creo, Javier, es en dignificar la política y ojalá que al leer esta carta te des cuenta que mucha gente normal, como yo, ya saben muy bien cómo se juega este juego y cómo puede ser más divertido y justo.


Reitero mi invitación para vernos a comer o a tomarnos una cerveza. Tengo muchos amigos cuyos negocios están al borde de la quiebra y, sin duda, tu presencia, hará que les vaya un poco mejor por lo menos unos días.





Siempre tuyo


Jesús Carmona-Robles