Carta para cuando mi padre muera

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:19 a. m.

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Siempre te hablé de usted
porque, incluso luego de saber
que superé tu manera de ser feliz en el mundo,
comprendí que eras tan grande como tus secretos.
Estoy hablándote de tú.

No quiero hablarte del alcohol
ni de novias que no conociste,
no voy a hostigar tu merecido descanso
con palabras que todavía hieren,
porque eres frágil como el pan
y cuando lloras, algo en el mundo se descompone.
No te preguntaré sobre mi media hermana
que, sospecho, vive en Los Ángeles, 
no quiero saber a qué sabía el sexo
de la mujer que te tiraste en esa bodega
donde te ocultabas los primeros meses
de tu única e imperdonable época de cobardía.
No quiero, sólo por esta vez, que seas mi padre.

Estoy hablándote de tú.

Nunca me golpeaste y
nunca tocaste mis genitales.
Nunca te interesó lo que hiciera con mis genitales.
Cuando te dije que era broma
que el hijo de Bertha era mío
(porque me educaste en el brumoso arte
de hacer reír, porque te reías bonito, porque con esa broma
planeaba darte una estocada en algún sitio
que despertara algo que desconociera)
te encogiste de hombros sonriendo,
y nervioso dijiste: "la verdad es que
hubiera sido algo bonito".

Estoy hablándote de tú.

Eras una buena persona 
porque fuiste comunista
y porque me llevabas al centro 
los domingos en que la familia
(esa palabra que nunca salió de tu boca
porque nunca creíste en ella)
se llenaba de fuego y de hiedra venenosa,
y me veías jugar maquinitas
y a veces jugabas conmigo
y a veces hablabas de tus amigos que desaparecieron
y a veces me decías que nunca te ibas a ir
y nunca desapareciste 
y nunca dejaste de jugar conmigo.

Estoy hablándote de tú
en esta casa que he construido sin esforzarme demasiado.
Escribo poemas que salen en libros 
y escribo slogans que convencen a la gente
de que quizá
es una buena idea hacer algo que no quieren hacer.
¿Me convertí en lo que viste en mis ojos
cuando, aún siendo comunista y delgado y fuerte, soplaste en mi boca
cuando estaba asfixiándome con una pastilla de menta? 
¿Soy todo lo contrario a ti
como siempre murmurabas cuando me escribías
cartas con tu A en forma de triángulo y tu J que más bien parece un cuchillo?

Me gusta decir que eras comunista, papá,
porque de haber sido asesinado
o desaparecido o
peor aún
de haber resultado que te convirtieras 
en un líder sindical,
seguramente no podría mencionarlo.
Me gusta decir que eras un incongruente, papá.
Lloraste en el 2000 cuando Fox ganó las elecciones
y me llevaste en tu Chevrolet Citation 87 por toda Avenida Universidad
tocando el claxon y gritando que México ya cambió.
Sólo tú cambiaste, papá.
La primera vez que voté lo hice por la izquierda
(¿Qué es la izquierda, papá? ¿Un acorde ejecutado en otra afinación?
¿Un venado muerto en la mitad de la carretera? ¿El beso
de lengua que da una hermosa mujer con halitosis?)
taché el recuadro pensando en tu brazo haciendo funcionar
el mimeógrafo. Taché el recuadro creyéndome esa estupidez
de que todos tenemos algo de nuestro padre.

Estoy hablándote de tú
porque sólo tú cambiaste.
El país que mató a tus amigos
de la universidad 
desapareciendo todo rastro de ellos,
también mató a tus amigos de la cantina.
llenándoles el hediondo hígado con balas.
La familia que construiste con la potencia
de un amor que sólo brota de la resignación,
apenas ahora levanta los muros de un hogar
que nunca te molestaste en marcar con tu sangre y tu saliva,
y, estoy seguro,
caerá como dejaste caer tu orgullo
al ver a tus nietos no necesitarte,
al ver a tu esposa amarte a pesar de que la golpeaste dos veces,
al ver a tu hija mayor en una soledad que nunca le enseñaste a entender,
al ver a tu hijo llorando como un niño idiota en el castillo inflable de la soberbia,
al verme a mí intentando ser feliz.
Caerá el mundo y sus misterios, papá,
como cayeron tus dientes y tus carnes,
como cayó tu ira hacia mis abuelos.
Todo está en la tierra, papá, por eso no escribo poemas
sobre planetas o física cuántica, por eso no escribo poemas
que hablen de cosas que estén fuera de mi alcance.
(Ya casi no escribo de Bertha,
ahora escribo sobre mi perro, sobre España,
y sobre mis amigos),
viví contigo en la tierra azufrada de este país que nos necesita,
en la tierra azufrada de un desierto que te regaló ese Dios tan raro en quien creías.

Acuéstate conmigo y miremos el cielo,
ya se ven los cazas de guerra.
Sólo miremos.
Juro no preguntar sobre mi media hermana,
sobre la diferencia entre el maoísmo y el estalinismo.
Juro no hablar de cómo el mundo se parece
cada vez más
a tu cara 
cuando ríes. 

Yo no soy como tú, papá.
Lo lograste. 




3 de agosto del 2016