Tres poemas de Noah Cicero

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:30 a. m.

Hace cuatro años conocí la poesía de Noah Cicero y desde hace dos años lo traduzco. Ahora tengo la oportunidad de traducir su nuevo libro de poemas. Hacía mucho no me sentía tan entusiasmado por algo que tuviera que ver con la poesía. Espero, luego, poder hablar a fondo de este libro que, también espero, se publique antes del 2017. No puedo decir mucho más.

Aquí un adelanto de tres poemas que aparecen en el libro.


Le di 30 dólares a la persona que más odio

Deb Poland, tú minaste mi relación
con Cejitas.
Mi relación terminó. Estaba destruido.
ni siquiera la amabas, te fuiste a Texas,
yo a Nevada. Cejitas se quedó en el Oeste.

Te odié, Deb Poland. Incluso, hace dos meses,
hablé mucha mierda sobre ti.

(Sigo hablando mucha mierda sobre ti tres años después)

En Facebook dijeron:
"Deb Poland fue arrastrada 600 metros
por un auto. La piel de su espalda
se desgajó. Se veían sus músculos y sus huesos."

Decía: “Deb Poland mantuvo la cabeza arriba,
sabiendo que si la cabeza bajaba
podría sufrir una lesión craneal.”

Tu inteligencia prevaleció.

Siempre fuiste astuta, lo suficientemente astuta
como para arruinar mi vida.

Mi vida no se arruinó, no lo hiciste.
Cejitas tampoco. Las cosas sólo pasaron.
tres años después dejé todas las justificaciones
y racionalizaciones.

Te imagino siendo arrastrada debajo de un auto,
seguro que sentiste miedo. Miedo real.

Una vez casi me ahogo en un lago, el agua
fría me puso en shock. No podía mover mi cuerpo,
sólo mis manos
y sentí “ese miedo” a la muerte. Sólo llegó.
Estoy seguro que los animales también sienten miedo,
ese miedo que te dice “o arreglas esta situación...
¡o te mueres!”

Pero solucioné mi ahogamiento, en cuestión de segundos
recordé los cursos de natación de cuarto grado.
Me recosté, floté
y usé mis manos para remar hacia la orilla.

Pero no hay cursos de
"Gente siendo arrastrada por un auto por la calle."

Pero aún así, tú dijiste "no dejaré que mi cabeza golpee el asfalto."

Y ahora te quitaron la pierna, Deb Poland.
Ahora tienes nuevos miedos. No sé cuáles puedan ser esos nuevos miedos.

Yo no sé lo que es tener sólo una pierna.
Pero tú sí.

La vida te dio un problemón de mierda, Deb Poland.
Aquí tienes 30 dólares para tu fundación.
Rezo por ti.





La cárcel de la infancia

Ella me dijo
“Tenemos cosas en común,
nos gustan los libros, tenemos
la misma profesión pero trabajamos
en distintos departamentos. Ambos
nos graduamos de universidades igualmente
calificadas en la página de internet de Forbes.
Debió funcionar.”

No le creí. No creo
que las cosas funcionen si se comparten cosas en común.

El dolor tuvo que ser algo en común.
El sabor del dolor, la textura del dolor,
la flor del dolor, la tiranía del dolor,
las heridas; correlación requerida.
Si una espada te corta el brazo, debes encontrar
a alguien que también le hayan cortado el brazo con una espada.
Si un tiburón te muerde en el estómago, debes encontrar a alguien
que tenga experiencia en ataques de tiburones.
Si tu vida fue fácil, y todo lo que tienes es un moretón en la rodilla,
debes encontrar a alguien que tenga la muñeca luxada.

Los ataques de tiburón no aman a las clavículas rotas.

Pero yo estuve en la cárcel de la infancia. Estuve en prisión.
Fue brutal. Cerveza Genesee, Ativan, Xanax, calzón chino,
gritos, violencia, silencio, sitcoms, carne, azúcar
y un gallo que no deja de atacarme. En algún momento
maté a ese gallo con una pistola de postas. Lo vi retorcerse
¿Alguna vez viste gritar a un gallo? Yo sí, mi padre y yo
enterramos al gallo en el jardín.
¿Alguna vez viste gritar a un conejo? También vi eso.
Nadie quiso ayudarme con mi tarea de matemáticas.

Es difícil encontrar ese tipo de dolor. Yo lo encontré una vez.
De verdad lo encontré. Pero tuve que dejarlo ir. Ella aún no está lista para dejarlo ir.

Ahora estoy en un Starbucks esperando a mi amor de la carcel de la infancia.



No puedo ayudarte, papá

A veces cuando bebo café 
por las mañanas
pienso en mi papá.
Me llega el sentimiento de la muerte.
Ese sentimiento que llega cuando piensas
que no estarás algún día.

Nunca fuiste un padre fuerte.
Nunca trabajaste duro, nunca
fuiste el gerente del departamento
de abarrotes.

Nunca hiciste nada, no te gustaba la música.
Nunca cuidaste de tu madre.
Nunca cuidaste de mi madre.
Esperé, y nunca te fuiste.

Ella siempre fue mala contigo,
sólo la mirabas. Todavía lo soportas.
Pero la amaste. Seguro la amaste más que a mí.
Amabas más su crueldad que mi sonrisa.

Ahora estás viejo y no conseguiste nada.
Tus hijos te abandonaron. 
Solo, conduces la podadora de cesped. Reparas
la bomba de agua y haces el cambio de aceite, solo.

Todos los días recibo correos electrónicos de gente
de todo el mundo que me dicen que les gusta cómo escribo.
Me iré de gira trabajando para la NPR.
Y estoy casado con una mujer,
con una drogadicta que vive entre la lucha
y en la ruina.

No estás orgulloso de mí. Querías que sufriera.
Ahora lo sé. Querías que me casara,
que viera sitcoms, que podara el cesped y gastara
mis días en discusiones triviales, 
y que me sintiera bien respecto al racismo de los blancos.

Sé que eso era lo que esperabas.
Sé que amaste más a mi madre que a mí.

Sé que no eres tan inteligente y buena persona como yo.

Sé que te intimido, pero 
si te rehusas a dejar ir el orgullo,
no puedo ayudarte.

Sé estas cosas, y sigue doliendo.

Cuando bebo mi café por la mañana.

Hay una parte de mí que quiere ayudarte.
Hay una parte de mí que quiere justificar tu vida.
Pero no soy esa clase de persona.
No puedo ayudarte. (No es que tú quieras ayuda)
Ni siquiera piensas que necesitas ayuda. 

Quiero que a tu avanzada edad te enteres
que cuando me publican un libro,
cuando voy a escalar hasta la punta de una montaña
de las Rocosas de Colorado...
Nada de lo que hiciste me trajo hasta aquí,
lo que no hiciste, me trajo hasta aquí.

Cuando muera habrá una procesión.
Irán cientos de personas.
Se contarán historias que abarquen mis 80 años de vida.
Lágrimas, trazos de mí en todas partes.
Desde Korea hasta Chile hasta Polonia, desde Bangor hasta San Diego,
la Tierra lo sabrá: yo estuve aquí.

Pero tú, en tu funeral pagado por una compañía local de seguros...
ni siquiera tus hijos estarán allí.











Noah Cicero (Ohio 1980). Es un novelista y poeta estadounidense. Ha publicado "The Insurgent" (Blatt 2010), "Best Behavior" (Civil Coping Mechanisms 2011), "Go to work and do your job, care for your children, pay your bills, obey the law, but products" (Lazy Fascist Press 2013) y recientemente "Bipolar Cowboy" (Lazy Fascist Press 2015) traducido por Caterina Scicchitano para Editorial Gigante. 



Comments (0)