Cosas que he aprendido a los 24 años

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:02 a. m.

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Nací en una clínica para trabajadores del estado.
Mi padre es profesor y cuando iba en la universidad
usaba el pelo largo y fumaba mucho
y daba panfletos y tuvo amigos que ya no existen.
Mi madre tenía más de treinta años
y era delgada y árabe;
supo mi nombre viendo la lluvia mojar los cerros
por las ventanas del colegio donde sus alumnos
le sobaban el vientre y me hablaban.
Aprendí que las cosas que vives en la panza de tu madre
no significan nada cuando cuentas las monedas para el autobús,
no afectan la manera en que lloras cuando se va alguien que amas,
no cambian el rumbo de tus palabras a la hora de decir una mentira.

Aprendí que de los 0 a los 8 años
eres feliz si tienes leche, una casa, un súper nintendo
y algo de amor.
Pienso que todos los niños merecen tener,
de los 0 a los 8 años,
un vaso de leche con chocolate, un techo que al llover haga un ruido que arrulle,
un súper nintendo y un padre que cuando llega borracho
se ponga en cuatro patas sobre el suelo y diga
"soy un toro, móntame" y luego el toro choca contra las paredes
de esa casa cuya hipoteca está por explotar
y el toro se parte de risa cuando gritas como un vaquero
y el toro se queda dormido en la mitad del pasillo
y tú piensas que el toro está muerto.

Cuando tenía 3 años aprendí a leer
y sabía el nombre de todas las banderas.
Lichtenstein, Tratado de Libre Comercio, Australia,
Apocalipsis 3:16, Argentina, Carlos Salinas de Gortari, Nigeria.
El único recuerdo que tengo del papá de mi papá
es verlo sentado en el sillón leyendo el periódico
y mis ciento cuarenta y cinco mil primos
mayores que yo
frente a él
conmigo en las piernas
leyendo con mi voz ronca y tornasol
el titular del día
sin entender nada. 
Aprendí que leer no significa mucho,
incluso leer no sirve de nada
cuando lo único que lees
son cosas que no tienen que ver contigo.
Sólo me emocionaba la palabra México
y la bandera Niña
y la palabra Líbano
y la bandera Mamá.

No crecí en Lichtenstein
ni en Australia
ni en Nigeria.
Crecí en una colonia de casas de interés social
construidas en lo que antes fueron cerros.
Frente a mi casa había una tortillería
y a una cuadra una tienda de abarrotes
y a tres casas vivía Willy que vendía marihuana
y a cinco casas vivían Kevin y Michelle y su mamá era prostituta
y a siete casas vivía Carlos que sabía artes marciales
y Carlos vivía frente a la casa de Johnny a quien yo cuidaba siempre
porque todos le decían cosas horribles y se burlaban de su mamá
que tuvo dos veces cancer.
Pero esto no importa, no tiene importancia.
En Lichtenstein y en Australia y  en Argentina y en Nigeria
viven niños que son hijos de empresarios
o de campesinos o de exconvitos
y crecerán para convertirse en esposos ejemplares
o en grandes poetas
o en príncipes.
Aprendí que haber cuidado a Johnny no significa nada
cuando extraño a Denisse o cuando pienso en los pliegues que se formaban
en el vientre de Bertha cuando se levantaba de la cama.
Aprendí que si vendes marihuana te matan
y que siempre es bueno tener una tortillería cerca de casa.

Hay cosas que de verdad importan.

Tengo algunos amigos.
Cuando era niño leí algo que dijo Platón
o Aristóteles
o Anaximandro
y decía algo sobre tener muchos amigos;
para quien sea que haya dicho aquello que leí,
tener muchos amigos está mal.
Años después leí que Frank Sinatra
se jactaba de tener muchos amigos
y daba a entender que tener muchos amigos
es algo bueno.
Ni Willy ni Kevin ni Michelle
ni Carlos ni Johnny son ya mis amigos,
Denisse me olvidará pronto y Bertha
amamanta a su hija a kilómetros de distancia.
Pero sí tengo amigos,
vivo con dos de ellos
y otros dos me visitan seguido
y otros dos viven en otros países
y casi nunca hablamos.
Aprendí que la amistad es más fuerte
que el ansia que da al recordar
los pliegues de carne de alguien con quien tuviste mucho sexo,
es más fuerte que un tractor, más fuerte que una bomba atómica,
más fuerte que el incendio que destruyó Chicago en 1666.
Una vez una amiga me dijo que es algo enfermo y horrible
hablar y ver y pasar mucho tiempo con tus amigos
y que ella, a su mejor amiga, la vio después de muchos años
el día en que se casó.

Crecí.
Tengo 24 años.
Tengo un empleo que me gusta.
Tengo dinero en el banco.
Tengo un perro que avisa cuando quiere orinar.
Tengo una biblioteca más o menos decente.
Tengo un odio bien fundamentado al capitalismo.
Tengo una idea bien fundamentada de lo que significa la anarquía.
Tengo tres consolas de videojuegos.
Tengo una vida sexual más o menos satisfactoria.
Tengo una salud irreprochable, a pesar de que bebo
y fumo y no tomo agua alkalina y como carne de animales muertos
y no como las suficientes verduras.
Tengo un libro de Zurita que me robé y luego lo presté para que Zurita
lo autografiara y luego lo recuperé.
Tengo agua caliente aunque prefiero bañarme con agua fría.
Tengo una macbook que me dieron en el trabajo.
Tengo mis cuatro extremidades y una salud mental bien aceitada.
Tengo la conciencia lo suficientemente sucia como para
no juzgar a la gente tan rápido.
Tengo una camiseta de Daniel Johnston y una caja
donde guardo las cartas de la gente que estuvo enamorada de mí.
Tengo en mi refrigerador un litro de leche, 200 mililitros de Dr.Pepper, cuatro
zanahoras, dos papas, un litro de yogur, sriracha, salsa de ostión y dos cervezas.
Tengo una noción más o menos clara de que los responsables
de que el mundo sea una mierda son las corporaciones.
Tengo bien claro lo que es una corporación.
Pero, lo más importante:
tengo bien establecida mi idea de lo que es la felicidad.

La felicidad es estar entusiasmado por el futuro.

Aprendí que todo eso de que
la felicidad es disfrutar el momento
o sentir que
"cada segundo sea un orgasmo"
o creer que
"el presente es lo más importante"
es pura mierda.
O por lo menos es pura mierda para mí.
(Aprendí que la mierda es relativa
porque a unos les encanta,
a otros les apasiona encontrarle forma
y a otros no les interesa).
No digo que al tener construida
una idea de lo que es la felicidad
signifique que estoy feliz todo el tiempo.
Estoy feliz un 65% del tiempo
y el otro 35% estoy o aburrido,
o suicida, o enojado.
Las únicas veces que me he sentido triste
es cuando mi madre casi muere,
cuando Samuel casi muere,
cuando Bertha me terminó por teléfono,
cuando mi hermana lloraba en su habitación
y yo quise abrazarla y ella me empujó y me dijo
que me fuera.
Un poco triste cuando se murió David Bowie,
un poco triste cuando escucho Depression de Black Flag,
un poco triste cuando me acuerdo que el papá de Bertha
se inventó que le robé 500 pesos,
un poco triste cuando pienso que Denisse nunca va
a terminar con su novio. 
Entonces, si hacemos cuentas, sólo estoy triste un 5% del tiempo.

Me gusta tener 24 años porque
a diferencia de cuando tenía 3
me emocionan más palabras
y me molestan más las banderas.
Calculo que existen aproximadamente
cinco mil palabras que me emocionan
entre las cuales destaco
reloj, bosque, grillo, humo, depresión, alcohol,
Jesucristo, perro, amistad, lluvia, electricidad.
Aprendí que las palabras van y vienen,
No son tan importantes porque
Lo importante es lo que destacamos con las palabras.
Ese perro y ese humo forman parte de una parte luminosa de mi vida
Qué siempre deseo reconstruir
Porque todas las noches al cerrar los ojos
Todas las noches al escarbar mi cerebro en sueños
Asesino a mi padre disfrazado de toro
Muerdo el pliegue de carne que se forma
En el vientre de un perro
Y al despertar
Busco las maneras de revivir eso que yo maté
Al tener los ojos abiertos quiero morirme con lo que he acuchillado,
Pero termino en silencio
Rodeado por esos amigos que tambien son asesinos y también violaron el cadaver de lo que los desolló.

Aprendí que cada quien hace las cosas a su manera.
No intentes hacer que Dios te vomite de su boca porque Dios nunca va a comerte.
No busques la soberbia en un árbol porque al árbol no le importas.
No busques que el poema brille abusando del amor, porque el amor es más grande que tú y de todo lo que crees haber aprendido.

Sólo puedes hablar del amor
Y ser bello porque al hablarlo
Te conviertes en la risa de los niños que no conoces
En el soplo de calor que suelta el horno de mamá cuando hace pan
En la cosquilla que deja el arroz cuando está crudo y metes los dedos en la canasta donde duermen.
Sólo quiero hablar del amor
Y todas las palabras que se han quedado en mi pecho luego de 24 años
terminan gritando las cosas que de niño no entendía.

Grito países y grito nombres de personas.

No tengo hijos y no tengo una idea clara
de todo lo que quiso decir Hegel.
No tengo cancer.
No tengo un padre golpeador ni una madre
adicta a la cocaína. No tengo el aplauso de los que me odian
ni el amor de los que me admiran. No tengo nalgas bonitas.
No tengo un sentimiento de identificación con David Foster Wallace
porque no he leído a David Foster Wallace. No tengo un sentimiento
de identificación con Cavafis a pesar de releerlo todas las noches.
No tengo una foto con mi padre en donde los dos carguemos una caña de pescar.
No tengo hijos y no tengo una relación entrañable con mis sobrinos.
No tengo intenciones de matarme ni de matar a alguien. No tengo ni quiero
tener una idea clara de lo que es la poesía. No tengo ganas de volver a tener el cabello
largo y no tengo hijos.

Cuando estuve en España me preguntaban muchas veces
"¿Qué pasa con México?" y yo decía "Es una pesadilla".
Si alguien construyera una máquina del tiempo
y viajara al año 2011 y me dijera
"En cuatro años estarás en España y harás el amor
con una hermosa chica argentina y leerás poemas
de un libro que tú escribiste y comerás verdadera comida china y
llorarás frente a una estatua que representa a Satanás"
yo diría, "qué maravilla, pero ¿cómo voy a lograr todo eso?".



27 de julio del 2016





Tres poemas de Noah Cicero

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:30 a. m.

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Hace cuatro años conocí la poesía de Noah Cicero y desde hace dos años lo traduzco. Ahora tengo la oportunidad de traducir su nuevo libro de poemas. Hacía mucho no me sentía tan entusiasmado por algo que tuviera que ver con la poesía. Espero, luego, poder hablar a fondo de este libro que, también espero, se publique antes del 2017. No puedo decir mucho más.

Aquí un adelanto de tres poemas que aparecen en el libro.


Le di 30 dólares a la persona que más odio

Deb Poland, tú minaste mi relación
con Cejitas.
Mi relación terminó. Estaba destruido.
ni siquiera la amabas, te fuiste a Texas,
yo a Nevada. Cejitas se quedó en el Oeste.

Te odié, Deb Poland. Incluso, hace dos meses,
hablé mucha mierda sobre ti.

(Sigo hablando mucha mierda sobre ti tres años después)

En Facebook dijeron:
"Deb Poland fue arrastrada 600 metros
por un auto. La piel de su espalda
se desgajó. Se veían sus músculos y sus huesos."

Decía: “Deb Poland mantuvo la cabeza arriba,
sabiendo que si la cabeza bajaba
podría sufrir una lesión craneal.”

Tu inteligencia prevaleció.

Siempre fuiste astuta, lo suficientemente astuta
como para arruinar mi vida.

Mi vida no se arruinó, no lo hiciste.
Cejitas tampoco. Las cosas sólo pasaron.
tres años después dejé todas las justificaciones
y racionalizaciones.

Te imagino siendo arrastrada debajo de un auto,
seguro que sentiste miedo. Miedo real.

Una vez casi me ahogo en un lago, el agua
fría me puso en shock. No podía mover mi cuerpo,
sólo mis manos
y sentí “ese miedo” a la muerte. Sólo llegó.
Estoy seguro que los animales también sienten miedo,
ese miedo que te dice “o arreglas esta situación...
¡o te mueres!”

Pero solucioné mi ahogamiento, en cuestión de segundos
recordé los cursos de natación de cuarto grado.
Me recosté, floté
y usé mis manos para remar hacia la orilla.

Pero no hay cursos de
"Gente siendo arrastrada por un auto por la calle."

Pero aún así, tú dijiste "no dejaré que mi cabeza golpee el asfalto."

Y ahora te quitaron la pierna, Deb Poland.
Ahora tienes nuevos miedos. No sé cuáles puedan ser esos nuevos miedos.

Yo no sé lo que es tener sólo una pierna.
Pero tú sí.

La vida te dio un problemón de mierda, Deb Poland.
Aquí tienes 30 dólares para tu fundación.
Rezo por ti.





La cárcel de la infancia

Ella me dijo
“Tenemos cosas en común,
nos gustan los libros, tenemos
la misma profesión pero trabajamos
en distintos departamentos. Ambos
nos graduamos de universidades igualmente
calificadas en la página de internet de Forbes.
Debió funcionar.”

No le creí. No creo
que las cosas funcionen si se comparten cosas en común.

El dolor tuvo que ser algo en común.
El sabor del dolor, la textura del dolor,
la flor del dolor, la tiranía del dolor,
las heridas; correlación requerida.
Si una espada te corta el brazo, debes encontrar
a alguien que también le hayan cortado el brazo con una espada.
Si un tiburón te muerde en el estómago, debes encontrar a alguien
que tenga experiencia en ataques de tiburones.
Si tu vida fue fácil, y todo lo que tienes es un moretón en la rodilla,
debes encontrar a alguien que tenga la muñeca luxada.

Los ataques de tiburón no aman a las clavículas rotas.

Pero yo estuve en la cárcel de la infancia. Estuve en prisión.
Fue brutal. Cerveza Genesee, Ativan, Xanax, calzón chino,
gritos, violencia, silencio, sitcoms, carne, azúcar
y un gallo que no deja de atacarme. En algún momento
maté a ese gallo con una pistola de postas. Lo vi retorcerse
¿Alguna vez viste gritar a un gallo? Yo sí, mi padre y yo
enterramos al gallo en el jardín.
¿Alguna vez viste gritar a un conejo? También vi eso.
Nadie quiso ayudarme con mi tarea de matemáticas.

Es difícil encontrar ese tipo de dolor. Yo lo encontré una vez.
De verdad lo encontré. Pero tuve que dejarlo ir. Ella aún no está lista para dejarlo ir.

Ahora estoy en un Starbucks esperando a mi amor de la carcel de la infancia.



No puedo ayudarte, papá

A veces cuando bebo café 
por las mañanas
pienso en mi papá.
Me llega el sentimiento de la muerte.
Ese sentimiento que llega cuando piensas
que no estarás algún día.

Nunca fuiste un padre fuerte.
Nunca trabajaste duro, nunca
fuiste el gerente del departamento
de abarrotes.

Nunca hiciste nada, no te gustaba la música.
Nunca cuidaste de tu madre.
Nunca cuidaste de mi madre.
Esperé, y nunca te fuiste.

Ella siempre fue mala contigo,
sólo la mirabas. Todavía lo soportas.
Pero la amaste. Seguro la amaste más que a mí.
Amabas más su crueldad que mi sonrisa.

Ahora estás viejo y no conseguiste nada.
Tus hijos te abandonaron. 
Solo, conduces la podadora de cesped. Reparas
la bomba de agua y haces el cambio de aceite, solo.

Todos los días recibo correos electrónicos de gente
de todo el mundo que me dicen que les gusta cómo escribo.
Me iré de gira trabajando para la NPR.
Y estoy casado con una mujer,
con una drogadicta que vive entre la lucha
y en la ruina.

No estás orgulloso de mí. Querías que sufriera.
Ahora lo sé. Querías que me casara,
que viera sitcoms, que podara el cesped y gastara
mis días en discusiones triviales, 
y que me sintiera bien respecto al racismo de los blancos.

Sé que eso era lo que esperabas.
Sé que amaste más a mi madre que a mí.

Sé que no eres tan inteligente y buena persona como yo.

Sé que te intimido, pero 
si te rehusas a dejar ir el orgullo,
no puedo ayudarte.

Sé estas cosas, y sigue doliendo.

Cuando bebo mi café por la mañana.

Hay una parte de mí que quiere ayudarte.
Hay una parte de mí que quiere justificar tu vida.
Pero no soy esa clase de persona.
No puedo ayudarte. (No es que tú quieras ayuda)
Ni siquiera piensas que necesitas ayuda. 

Quiero que a tu avanzada edad te enteres
que cuando me publican un libro,
cuando voy a escalar hasta la punta de una montaña
de las Rocosas de Colorado...
Nada de lo que hiciste me trajo hasta aquí,
lo que no hiciste, me trajo hasta aquí.

Cuando muera habrá una procesión.
Irán cientos de personas.
Se contarán historias que abarquen mis 80 años de vida.
Lágrimas, trazos de mí en todas partes.
Desde Korea hasta Chile hasta Polonia, desde Bangor hasta San Diego,
la Tierra lo sabrá: yo estuve aquí.

Pero tú, en tu funeral pagado por una compañía local de seguros...
ni siquiera tus hijos estarán allí.











Noah Cicero (Ohio 1980). Es un novelista y poeta estadounidense. Ha publicado "The Insurgent" (Blatt 2010), "Best Behavior" (Civil Coping Mechanisms 2011), "Go to work and do your job, care for your children, pay your bills, obey the law, but products" (Lazy Fascist Press 2013) y recientemente "Bipolar Cowboy" (Lazy Fascist Press 2015) traducido por Caterina Scicchitano para Editorial Gigante. 



Sobre Independencia, pasando un restaurante de ramen, cerca del monumento al libanés, hay un desnivel que me da miedo

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:41 a. m.

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Durante el año que no nos vimos
descubriste que te gusta mucho andar en patines
y juegas un deporte que nunca voy a entender
pero que se trata de golpear y hacer puntos
pero yo nunca te imaginé golpeando
o usando protecciones en las rodillas y los codos
más bien te imaginaba dormida entre frascos de químicos
que usan los pintores para que las tintas se adhieran
o dormida entre frascos de químicos
que usan las enfermeras para reanimar a los que se van a morir
y cuando bajábamos por Independencia
yo seguía triste por la historia
del hombre con sida que tenías que bañar
y del hombre hidrocefálico que bien podía bañarse solo
pero su madre lo maleducó haciéndole creer 
que era un inútil
pero tú ya no te acordabas de que yo me había puesto triste
porque ibas muy rápido en patines
prometiendo que me conseguirías unos
para patinar juntos
pero me da miedo y de estar triste pasé a estar nervioso
y te dije que apenas hace dos años aprendí a andar en bicicleta
y que fue uno de los regalos de cumpleaños más lindos que he recibido
y no escuchabas porque frenabas las ruedas de manera extraña y 
aunque era de noche
pude ver entre tus medias
una enorme mancha roja de sangre en tus rodillas
y te imaginé cayendo y rompiéndote el cuello y 
gimiendo de dolor y yo pidiéndote instrucciones de cómo atenderte
porque cuando el hombre con sida resbaló en la regadera del hospital
te pusiste a tiempo los guantes y pudiste ayudarlo
y no estás enferma y no te vas a morir y te sabes bañar solita
porque tu mamá trabaja para el gobierno y antes tenía una florería
y tu papá es un tipo duro pero noble
eso es una buena familia
pienso cuando llegamos a un desnivel que miras emocionada
y dices que es tu lugar favorito porque te hace ir rápido y es peligroso
pero yo no te recordaba como alguien que le gustara el peligro
y es que realmente no eres alguien a quien le guste el peligro
pero en ese desnivel que mide apenas unos 20 metros te vi
totalmente dispuesta a ir a toda velocidad y yo sentí otra vez miedo
de que volaras y cayeras sobre alguna de tus extremidades y no saber qué hacer
y creo que dije algo como "cuidado" o "no lo hagas" o "mejor tomemos esta calle"
pero no lo hiciste e inclinaste tu torso y dejaste que la gravedad te empujara
y casi te caes
y no te caíste
y yo sentí ganas de llorar
y me gustaste mucho
porque fuiste valiente
y me gustan las personas valientes
sobre todo el tipo de personas valientes que saben lo que quieren
y tú querías ir rápido 
y fuiste muy rápido
y luego caminamos hasta catedral y había unos holandeses que también traían patines
y había cucarachas en el adoquín y un señor que vendía comida
y yo te dije muchas cosas sobre mí
y tú me dijiste muchas cosas sobre el miedo y equivocarse y
pedir perdón



7 de julio del 2016

Un poema de Michael Dickman

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 9:23 p. m.

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Migraña roja

El petirrojo asesina
y se suicida contra
la ventana

Tarde o temprano la sangre del petirrojo romperá el cristal en cientos de pedazos que tú
tragarás completos

Sigue tragando

El petirrojo
te ama y quiere
que recuerdes el amor

Así que te hace vomitar en la cortina del baño

Yo estaba ciego de amor

Y ahogado
en una bañera vacía
escupiendo mierda de pájaro

Cubierto en plumas rojas

*

A veces al petirrojo le gusta hormiguear en la luz en los cigarros en los alfileres en los cortes que te haces con papel Dios mío qué bien se siente

Lo envuelve todo
con un rosa intenso y venda el color
del falso atardecer

¡Mira, es un alma rosa!

Quiere desnudarse y quiere que duela

Dientes rojos dedos rojos
Bocas abiertas

¿Quién sigue aplastando
mi cráneo contra la banqueta
dentro del baño?

¿Quién mantiene las luces encendidas? Las luces están encendidas

¿Quién se disuelve en mi lengua?

¿Quién vuela desde mi dedo?


*


El petirrojo se sienta
detrás de tu ojo izquierdo
a tu derecha y limpia a sus bebés
con el pico.

Baña a sus bebés.

Agita las plumas de su cola para barrer el suelo detrás de tu frente y barre el suelo de rojo

Mi cerebro es una navaja

Mis iniciales son latidos por segundo

Los rubíes
en el halo
me bañan hasta ser nada

Susurro tu nombre en el aire rojo

y respondes






Michael Dickman (Portland, Oregon, 1975). Ha escrito The end west, Green Migrane Flies, todas publicadas por Cooper Canyon Press.