Un poema de Roberto Valdivia. Pasarás de Moda.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:58 a. m.

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Me gustaría hablar un poco de cómo fue construir la antología Pasarás de Moda (Montea 2015) junto con Adrián Martínez y Luna Miguel. Hablar de eso es, finalmente, hacer referencia a los momentos en que revisábamos, considerábamos y determinábamos quién, cómo y por qué se publicarían en el libro que, hoy día, ya pueden conseguir.

No me resulta preocupante, siquiera destacable, la actual atención que reciben los escritores jóvenes por parte de ciertas personas que incluso, hoy día, siguen considerando a la literatura como una carrera cuyas metas son determinadas por conceptos tan despreciables como lo son la competitividad o la moda. Prestarle atención a cosas así en un contexto donde se comparte lugar con la literatura me parece, en lo personal, algo ingenuo y hasta tierno.

Sin embargo, algo que sí me parece alarmante es que la etiqueta "joven escritor" (ya de por sí mala por existir como etiqueta) se ve cargada de prejuicios que terminan por convertir al "joven escritor" en el estereotipo que ya se le ha construido desde hace tiempo, estereotipo que precisamente se ha construido en los círculos intelectuales, académicos y de poder cultural que tanto atacan y/o defienden los involucrados en este lamentable circo de los que defienden tanto a la literatura que terminan olvidándose de ella.

Cuando Adrián, Luna y yo planeamos y elaboramos Pasarás de Moda, de una u otra manera, quisimos disfrutar el hecho de publicar a jóvenes poetas cuya obra se desentiende de una manera natural y orgánica de toda esa puesta en escena que ocurre en los perímetros de la literatura. Y cuando leí a Roberto Valdivia, quien aparece en la antología y de quien a continuación les mostraré un poema, sentí y entendí (como con muchos otros poetas que sigo descubriendo casi a diario) que muchas cosas que ocurren fuera de la literatura, fuera del libro, fuera de ese dolorosísimo momento de soledad frente al libro, muchas de esas cosas, realmente no tienen ningún sentido.





Roberto Valdivia (Lima, Perú 1995)


te amo shiva

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Conocí a una chica estupenda debajo de un zigurat de Mesopotamia, la luz caía vertical sobre su rostro redondo y al momento de fijar la vista en mí la luz del sol la del zigurat y ella formaban un hermoso tridente
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Conocí a una chica estupenda llevando un cántaro por las orillas del Nilo mientras cantaba una canción antigua que decía tres veces la palabra pájaro cuatro veces la palabra vida y una vez la palabra beso
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Conocí a una chica estupenda en el desfiladero de las Termópilas. El sol de las tres de la tarde ascendía detrás de ella y su figura era una silueta negra sobre el sol inmenso, cuando cerraba los ojos las flechas de los persas subían arrasando la luz, un sol negro de muerte. Le rogábamos que nunca durmiera.
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Conocí a una chica estupenda balanceándose en el puente colgante que unía dos castillos feudales. Ella tenía la voz de un onagro reventando una muralla bizantina y cuando caminaba el agua no la reflejaba en ningún momento.
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Conocí a una chica estupenda escribiendo un tratado astrónomico junto a cinco persas, ella los comandaba a todos y les revelaba las futuras desgracias que azotarían Bagdad. Dormía de pie y al despertar los cinco persas se arrodillaban en simultáneo dejando estiradas el rojo púrpura de sus capas y turbantes.
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Conocí a una chica estupenda conversando con sus mecenas delante de un puente en Venecia. La luna tímida se asomaba en el agua y amenazaba con tragarlo todo. Ella, impávida, se recostaba en la pared y se acariciaba el cabello.
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Conocí a una chica estupenda que caminaba por un sendero de provincia francesa mientras mordía una magdalena con los dientes de adelante. Yo le preguntaba por el cielo de Boujion y ella se desvanecía como una fuente quebrada por la caída de un ángel, un ángel del siglo treinta.
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Conocí a una chica estupenda que miraba las manchas de petróleo que dejaban los submarinos alemanes mientras partían rumbo a la guerra. Cada vez que señalaba con el dedo el horizonte pequeñas chispas reventaban en el triángulo de las Bermudas.
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Conocí a una chica estupenda que recitaba poemas a toda velocidad mientras la gente corría desesperada en las calles de la Habana mientras los aviones U2 incendiaban el mar a torpedazos, luces de sol en medio de una quimera de ceniza.
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Conocí a una chica estupenda recostada en una escalera impulsada por basalto. Un apagón había anochecido la ciudad roja y las naves interespaciales se dejaban caer mientras ella anotaba los nombres de los muertos en una libreta escolar.
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Conocí a una chica estupenda cuyo pensamiento era un espiral como un caracol y al momento de entrar en los primeros escalones de su mente se perdía para siempre  la noción de arriba-abajo y había que tomar xanax día y noche para no caer rendido en el piso como una sombra derretida por la angustia.
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Conocí a una chica estupenda, su rostro ovalado y bello miraba a la humanidad desde un obelisco gigante. Llevaba una falda blanca como un hongo nuclear que resplandecía mientras el mundo se incendiaba. Bajó la mirada y cayó el cielo.






Pueden comprar Pasarás de Moda desde cualquier parte del mundo. Si les interesa, pueden informarse dando click aquí. Si quieren leer una reseña de la antología pueden hacerlo dando click acá. Den click aquí mismo si quieren ver un video de Oscar García Sierra leyendo uno de sus poemas que antologamos en el libro.






5/2/16