Comer solo

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 3:20 a. m.

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¿Recuerdas el sonido del papel estraza 
cuando tus dedos desenvolvían
ese escueto desayuno
en aquel amanecer de la capital?
Aún borracho mentías en silencio
frente a esas mujeres que instalaban sus puestos de comida
recordándote a tu madre lamiendo la palma de su mano
después de golpearla con una cuchara de madera;
recordándote a esa mujer que te advirtió la posibilidad
de ropa interior regada por el suelo
cuando mirándote a los ojos te extendió la llave de su cuarto
para que te ducharas y durmieras un poco.

¿Recuerdas el sabor de esas vísceras,
de ese ojo, de aquel cerebro que
envuelto en maíz mitigó tu ansia?
porque eso no era hambre
ni la vida era una fiesta,
pero buscabas en lo desconocido
una razón para acostarte a dormir 
sin sentirte derrotado.
Entrañas ajenas en tus entrañas.
Y entre el sabor a amoniaco que se clavaba en la garganta
surgió el recuerdo de una boca entrando a otra boca:
dos hambres en una sola fiesta
capaz de alimentar a los desesperados.

¿Recuerdas tu boca llena de agua
cuando por error volaste en clase ejecutiva
y te sirvieron un humeante plato de pasta?
El avión no se inundó de sangre
como en tus sueños,
pero en las formas de las nubes que escoltaban el avión,
-como los delfines que acompañan a los barcos-
hallaste la forma de una mujer cuya agua era tuya,
la mujer cuya agua era tuya,
y la sangre de la soledad humeó en tu vientre,
un oculto apetito rechazó la cena
y los delfines volvieron a ser delfines.

¿Recuerdas a esa mujer pequeñita y extranjera 
que con lujo de detalles enumeraba los platillos
que estarían en su menú ideal?
Jamás la besaste, pero comieron juntos en dos ocasiones,
y eso es casi lo mismo.
Luego coincidiste con ella en una ciudad que te adelgazó,
que calcinó la parte más dura de tu inocencia,
y desolló la aún resplandeciente carne de niño
oculta en tu barba y tu pecho.
Esa noche ella enumeró las cosas de su vida
que la hacían ser quien es,
y cuando la escoltaste a su hotel
-como los delfines a los barcos-
pensaste en las cosas que te dan hambre
y te hacen llorar.

Algunos te dirán que hay en el mundo personas que mueren de hambre
pero jamás podrás responderles:
"es que yo soy uno de ellos".
porque al final de todo
el único alimento que no terminarás vomitando
son los recuerdos: una servilleta con un beso pintado,
un gemido, muchas risas rebotando en las paredes de una habitación,
botellas llenas de ceniza, la luz del atardecer bañando la universidad,
un pelícano zambulléndose en el océano, una lágrima ennegrecida 
por el maquillaje, la lluvia cayendo en la piscina del hotel,
tus padres, sus padres, un perro muerto, tus secretos
convirtiendo las palabras en acciones, tus miedos
convirtiendo tus deseos en palabras, una posibilidad.

Toda hambre es distinta.
Por eso estamos solos.



25/2/15




El retorno, de Robin Myers

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:43 a. m.

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Puedes encontrar otra traducción que hice de Robin Myers dando click aquí.


El retorno

Esta es la calle donde naciste.
Esta es la llave que perdiste en la nieve,
y este es el abrigo que usaste para buscarla.
Esta es la manera en la que se ve el cielo desde un avión la mañana
que te fuiste de casa. Este es el lugar que pensabas nunca abandonar.
Este es el sandwich que comiste en la escalinata de la iglesia,
las migas que lanzaste a las palomas. Esta es la funda de almohada
que tu cabello delínea. Este es el verano.
Este es el continente que cruzaste,
la carta que metiste a la lavadora por accidente,
el cuchillo de cocina que salpicaste de sangre cuando a solas cortabas una cebolla.
Este es el asombro al reconocer a un amigo por su tos
desde la otra habitación. Esto, a pesar de que estés dormido,
es un ratón bajo la duela y la luz
que se esparce por las rendijas, y estas son las sombras
sobre la columna de una espalda que se gira.
Esto es casi lo que quieres decir.
Este es alguien que toca a Brahms bajo las escaleras,
el vaso de agua que tiembla sobre el piano, el derrame.
Esto es ira, clases de manejo, un año en tu vida;
esta es la parada de autobús, las sábanas, la onda de calor;
estos son los fuegos artificiales que viste desde lejos,
que mudos se abrieron como flores en una colina oscura.
Esta es la manera en que observas a la gente en el tren
y la extrañas. Esta es la fe que pones en el nudo de la cuerda
que estás escalando, y estos son tus dedos, calientes
y despellejados. Esta no es una excusa. Este
es el océano dentro de una concha. Este es el océano.
Esto es, al parecer, a lo que hemos llegado.
Este eres tú, si regresas.
Este eres tú si no regresas.


Robin Myers (Nueva York 1987). Es poeta y traductora. Licenciada en Literatura Inglesa por el Swarthmore College en Pennysilvania. Miembro desde el 2009 del American Literary Translators Association (ALTA). Sus traducciones, así como sus propios poemas traducidos al español, han sido publicados en revistas como Tierra Adentro, Letras Libres. Ha vivido en Estados Unidos, Palestina, Buenos Aires y actualmente reside en México DF.


24/2/15

Teoría de cuerdas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 3:54 a. m.

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*
Llegamos desnudos a la habitación de la vida.
Nuestra ropa ha hecho un camino desde la calle
hasta la puerta blanca de este secreto.
Mira cómo la gente toma tu abrigo
y desde las mangas hace un nudo con tu camisa,
hasta el infinito,
una cuerda que trenza el aroma de todo lo que te quebró
y perfuma el cuello de los que se ahora se ahorcan.

*
Una viga de madera cruza el techo
de la habitación de los sueños.
Alguien ha construido un columpio
con las cadenas que dejaron
los antiguos huéspedes.
Te balanceas hasta que tus pies rozan
la pantalla de la televisión.
Con la punta de los dedos acaricias
la barba del señor de las noticias
pero él, impávido, sigue hablando
de todos los niños que murieron
cuando otro hombre de barba
se explotó en una escuela.
La planta de tus pies
toca, el rostro del señor de las noticias
y el televisor cae.
Las cadenas que te sostenían
se vencieron
y caes.
El señor de las noticias te mira desde el suelo
el golpe lo ha dejado mudo
y tú no sabes leer los labios.

*
En la habitación de la muerte
han predispuesto lo necesario para la ceremonia:
shinju
sakuranbo
karada;
él cuelga bajo la viga
como un bello satélite de carne y hueso.
Gimen ambos porque han descubierto
lo hermoso de una armadura hecha añicos.
Tu mano tiene el último extremo del nudo,
lento tiras:
un ciervo inflamado por tu mirada
al instante de tocar el piso
se convierte en las ruinas de un templo.
Sin tocar ese escombro de oro y piel
te acuestas a su lado
y las palabras aparecen
como los pájaros que cantan de noche
cuando la llovizna agita las ramas de un árbol dormido.


*
Hay una salida de emergencia:
un abismo circular y angosto
justo en el centro de la habitación.
Hay una soga que nace desde lo alto
y atraviesa verticalmente ese lunar negro;
quieres saltar.
Tus manos se enganchan a la soga
y dejas que el peso de tu cuerpo
ayude al abismo a absorberte.
Las manos arden
echan humo.
Eternamente caes y tus manos duelen.
Olvidaste ya tus pies tus rodillas tu
sexo tu torso.
Hace años que estás cayendo.
Sonríes y levantas la mirada:
tus manos hacen fuego.

Es como si llevaras una antorcha.


6/2/15