Coma inducido (fragmento)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:21 p. m.

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*
La vida me preparó para recibir la llamada en donde alguien me avisa que mi madre está en coma.
En muchas bocas estuvo ya el olor del pasillo que crucé corriendo hacia terapia intensiva,
y esas bocas me besaron o las besé, da lo mismo.
La fría dureza del aire que agitaba mi sueño, cuando en las madrugadas veía el ir y venir
de ambulancias, ya me había recorrido en los destartalados descansos de la autopista,
donde los conductores detienen el autobús para beber café o mascar una anfeta.
Los viajes que hice antes del viaje inconcluso de mi madre hacia la muerte
ya tenían en su vértigo las voces de médicos que sin mirar a los ojos
dijeron que mamá no avanzaba, que había tomado un descanso en la gran carretera
de la muerte y no daba evidencias de querer de terminar. Mis hermanos y yo veíamos pasar los autos
que por alguna extraña razón van de noche y no están en casa; con una angustia plateada
e inmóvil contamos los minutos y el sueño de mi madre no dejaba de espesarse
mientras nuestros vecinos de espera gritaban por la muerte de sus viajeros.


*
Recuerdo los sorbos de café y el inconfundible sonido de esa máquina que por cinco pesos
vendía la lucidez necesaria para continuar atento a la posibilidad de un hombre, enfriado por la vida,
saliendo de alguna puerta inaccesible, que pregunte por los familiares de mi madre:
yo soy su hijo y ella también y él también y él es su esposo el que se refugia en la pantalla
del celular juntando caramelos según su color, él es su esposo y ella es la viuda de su hermano,
el que aceleró hace cuatro años su viaje sin la necesidad de exageraciones.
Algún otro dijo: familiares de terapia intensiva. Y esa incongruencia semántica se queda
en mi mente tanto, que sin darme cuenta, dejo mi vaso de cartón lleno de café en alguna silla vacía
y cuando mi madre me recibe en su hipnagógico trono le digo que los doctores han confundido
su nombre por el de terapia intensiva, ahora usted se llama terapia intensiva y yo soy su familiar.


*
La vida ya me había dado la fuerza para poder oler el perfume de los que no se sabe si morirán.
Mi madre hinchada en tubos y cables aún desprendía su esencia a piedra rota y durazno,
traspasaba mi azul cubrebocas cuando acariciaba su frente haciendo el signo de infinito.
El perfume de la mujer que ahora me despide alcanza a atravesar el duro cristal
de la ventana de este autobús; ella soba el aire de izquierda a derecha y de la carne que
existe entre los dedos se desprende su perfume, ambos lloramos pero ahora recuerdo
el verdadero llanto, cuando mi hermano interrumpió el abrazo de mis amigos
porque debía hacer presupuestos de ataúdes y funerarias y coronas de flores
coloreadas por las tintas favoritas de mamá. Y aunque esas flores nunca fueron olidas,
y aunque de a poco estoy olvidando la consistencia de la saliva de la mujer
que alguna vez me amó con la fuerza de la muerte (que me desolló, que me redujo
el corazón hasta convertirlo en una abeja), los aromas siguen, ya viven en mí,
tienen su hogar en los edificios de mi cerebro, en donde ni la muerte
ni el amor, tienen la certeza de saberse eternos

*
Mi sobrino, el penúltimo en orden cronológico, balbucea un primitivo 'abuela' extendiendo
sus brazos al cielo. Su abuela no está en el cielo pero es ahí donde la ve, y entonces él
se eleva al cielo en los reconstruidos brazos de esa anciana prematura, cuya carne ha sido
ablandada por la inmovilidad y las sondas.
Mi sobrina, la segunda en orden cronológico, peina con un cepillo púrpura las hebras castañas
que brotan del cráneo de su abuela, y en cada impulso una nueva estría de calvicie se dibuja,
los pocos cabellos húmedos se aferran a la piel de su cabeza, como su dueña alguna vez
se aferró al tubo que eyectaba flema y sangre.
Mi sobrino, el primero en orden cronológico, en su computadora portátil juega a juntar caramelos
según su color. Su abuelo se mira a sí mismo en esa debilidad, en esa indiferencia.
Un servidor público, hijo menor por orden cronológico, se niega a darle un empleo a mi madre,
al ver su historial clínico en donde informa que estuvo veintiún días dormida.
Hoy mi madre lloró acordándose de las enfermeras.

*
Dejé a mi madre un sábado que se acababa y toda la luz era del color de las lilas.
Ya con los ojos despiertos, tomó de mi mano y yo fui el único que lloró.
En la carretera pude entenderme como un punto que se mueve vertiginosamente
en el mapa que Dios tiene en su escritorio. México tiene la forma de un signo de infinito
al que le falta una mitad. Viajo hasta el centro de esa eternidad y encuentro en mis manos
a la otra parte de esa geografía, y mi espacio es el mapa donde un ángel niño juega
a tirar bombas y descuartizar a otros ángeles niño.
He aquí las fronteras de mi amor y mi odio, están llenas de plumas y saliva endurecida,
están llenas de alambres en cuyos picos están encajados los poemas de la gente
que amé. También está Dios.


*
Los milagros no existen, ni el azar, ni Dios, ni el Dios mormón, ni el Dios católico, ni el amor, ni el desinterés, ni la abnegación, ni las coincidencias, ni la bondad, ni el peso de cada cosa que sirve para equilibrar la vida, ni las risas de las películas, ni el llanto de las películas. Tampoco existen los ángeles ni las apariciones marianas de Medjugorge o Fátima, no existe el poder del rosario ni de la magnetoterapia. No existirá la paz en Palestina ni en Israel así como tampoco existirá la cura contra las enfermedades que te hacen dormir un rato antes de dormir para siempre. No existirá el fin del mundo, ni el día en que Cristo baje del cielo, rodeado de nubes, para hacer una interminable fila de gente y dividirlos en el cauce del Tigris y el Éufrates. No existe eso que sientes por ella o por él, tampoco existe la paz. No existe la belleza porque no existe el bien común. No existen los sueños porque son sueños. Mi madre dijo estas cosas cuando se servía el segundo plato de arroz con pollo, recordando el aroma de Terapia Intensiva, viendo en mis ojos a los ojos de la mujer que amo con la fuerza de la muerte.




26 de agosto del 2014

Bajo mis manos de Leonard Cohen

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:17 p. m.

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He visto tres versiones de este hermoso poema, por alguna razón ninguna de estas me da una satisfacción total. Ojalá esta traducción que hice del que para mí es uno de los mejores poetas vivos sea buena.


Bajo mis manos

Bajo mis manos
tus pequeños pechos
son el vientre de un gorrión caído
que respira boca arriba.

Donde sea que te muevas
escucho el sonido de alas cerrándose
alas que caen.

Estoy enmudecido
porque caíste a mi lado
porque tus pestañas
son las vértebras de pequeños y delicados animales.

Temo al tiempo
en que tu boca
comience a llamarme cazador.

Cuando me pides que esté cerca
para decirme
que tu cuerpo no es hermoso
quiero invocar
a los ojos y a las bocas ocultas
de la piedra y la luz y el agua
para que testifiquen en tu contra.

Quiero que ellos
se rindan ante ti
a la vibrante rima de tu rostro
desde sus hondos ataúdes

Cuando me pides que esté cerca
para decirme
que tu cuerpo no es hermoso
quiero que mi cuerpo y mis manos
sean estanques
donde te mires y rías.




21 de agosto del 2014