Un poema de Weldon Kees

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:58 a. m.

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Traduje un poema de Weldon Kees

La playa en agosto

El día en que esa mujer gorda
del traje de baño azul brillante
entró al agua y murió,
yo pensé sobre la condición
humana. Piezas de fruta
que llegan por la marea.

Lo que pensé acerca de la condición
humana fue esto: fruta vieja
llega y es dejada, la seca
el sol. Otra mujer gorda
en un traje de baño verde pálido
se sumerge en el agua y muere.
Brillan los respiradores. Ya es mediodía.

Nos secamos y morimos en el sol
mientras el mar dispone fruta vieja,
la marea llega, brillando
en el mediodía. Una mujer, ligeramente robusta,
en un indescriptible traje de baño,
nada hacia un muelle. Una mujer alta
se encamina al mar. Uno piensa sobre la condición
humana. La marea llega y se va.




Harry Weldon Kees (Nebraska 1914 - (?) 1941), fue un poeta, novelista, pintor y pianista de jazz. Junto con John Berryman y Elizabeth Bishop se le considera uno de los referentes más importantes de la poesía estadounidense contemporánea. Es autor de The last man (1943) y The fall of magicians (1947) entre otros. Desapareció a principios de los años cuarenta, el último rastro que dejó fue su coche abandonado cerca del Golden Gate en San Francísco.




Mil millones de especias

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:41 a. m.

1

Extraño a
mi amigo
Mohsen
Emadi.
Me hace
falta ver
su manera de
encontrar
un lugar
cómodo
en el
cual sentarse
o recargarse;
la manera
en que
fuma de su
pipa
o habla
haciendo que
su español
sea el sonido
de un par
de botas
raspando la
nieve
de Finlandia.
Mohsen
habla de
la mujer
y el poema,
estoy en silencio
porque
mi mujer es
una sola
mirada
indivisible
en el mundo
de mi cerebro,
y mi
poema es
la estatua
que corre
en las habitaciones
de mi
ansia.
Mohsen
habla de
Irán
y yo imagino
Irán como
un espacio
de un
dorado resplandeciente
lleno de pilares y
ruinas y
bellas mujeres
que cantan
poemas brillantes,
tan dorados
que todo
lo hermoso de
esa ciudad
vuela a
esas mujeres
como las abejas
atraídas
por el caramelo
perpetuamente
dulce.
Mohsen
prepara
pescado con
mil millones de
especias,
los tres
bailamos con
su perro
Li Po
y en
la ligereza
de la
embriaguez
bromeamos
con el
plan de
traducir todos
los poemas del
mundo,
bromeamos con
la idea
de escribir
el gran poema
perfecto
y la botella
de whisky se
convierte ahora
en un florero
verde:
ha alcanzado
su última fase,
digo yo
o dice Mohsen
o ladra Li Po
y reímos.
En una
hora mi
autobús sale,
la mujer que me va
a amar
espera en la lejanía
de su
sueño,
otra ciudad
espera mi
cuerpo
para llenarlo
con la vida.
Mohsen escucha
las pocas
palabras que
dije
en ese encuentro,
palabras llenas
de ingenuidad
y de amor
por esa
mujer y
por la poesía y
por los perros.
Esa noche
Mohsen me
abrazó
mientras el
taxista
guardaba mi
maleta y
Mohsen dijo
algo en persa.
Nunca sabré
qué dijo,
así
como él
nunca sabrá
que este
poema
escrito
en el
vaivén de
un autobús
que pasaba
entre los pies
de un
México DF
amaneciendo
significa
que lo
extraño.
A él se
le murió
Shamlou y
se le
murió Gelman
e Irán lo
quiere muerto
si yo
muriera Mohsen
escribiría un
poema hermoso
que hablaría
de esa noche
en DF
cuando borrachos
jugamos con
Li Po
y comimos
cebollas en salmuera
y pepinos y
pescado con
mil millones de especias,
para después
olvidarme en
el cementerio de
sus amigos muertos sus
amigos convertidos
en poemas.
Que así sea.


14 de julio del 2014