Iglú

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:03 p. m.

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(Construir implica hacer que las manos sangren
porque el pasado es rojo y se endurece)

La casa ya está terminada,
los desesperados llegan sabiendo que se irán;
saben que las puertas están abiertas
porque basta con mirar los ojos del cielo
para darse cuenta que lo desconocido
también tiene sombra
y las sombras, a veces, son profetas que también tiemblan
no por saber el devenir del agua o del sol
sino porque la sangre es más densa que un beso
y menos permanente que el pánico y la ira.

¿Tendremos que medir el pan que le damos al enfermo,
mirarlo fijamente para hacerlo entender que debe irse?

Gratis fueron las noches donde la nieve iluminaba.
Gratis fueron las manos que se enredaron en tu sexo
para hacer de ti una bestia inmaculada y permanente.
Gratis fueron las arañas que se metieron por tu ombligo
y ahora le dan forma al dios que más te conviene.
Gratis fueron las preguntas que te hizo la ciudad
los días en que comiste de la mano de alguien.
Gratis fue el mar y su voz de arcángel 
porque ahora vives en el vientre del pez más hermoso
y cada que respira el sol baja un poco más.

Pronto tus ojos volverán a ser ojos.



23 de marzo del 2014

Jacarandas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 8:49 p. m.

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Te veo soportar la belleza de las jacarandas
y tu corazón está lleno de lodo.
Te veo resolver la pregunta
que mastica tu corazón
y atrás de ti
el sol, pájaro inmóvil,
clava el tiempo en la espalda
de los que amas;
es que no puedes huir,
tú también serás víctima del cielo
como ya eres víctima de las jacarandas,
del beso ansioso que te devuelve
a la casa de la muerte.
Cuando llegue la despedida
con su nefasto vestido de agua y sal
sabrás que tu navaja
tiene ya el filo preciso;
sabrás que la vida es la celebración
de todo lo incierto.


12 de marzo del 2014

Me acuerdo VI

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:21 p. m.

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Me acuerdo de estar en la cochera de la casa de Juan Isáac, jugando con nieve artificial en aerosol, deseando que la mañana siguiente nevara para no ir a la escuela.

Me acuerdo de Micaela Solís cantando junto a un pianista en un lujosísimo restaurante de Ciudad Juárez.

Me acuerdo de los vellos en las axilas de una mujer que bailó conmigo en una fiesta en Polanco.

Me acuerdo de comer solo en la cafetería de Bellas Artes, esperando a que alguien se sentara a lado mío y al mismo tiempo queriendo que nadie se acercara.

Me acuerdo de estar solo en el departamento de Renton, en la Narvarte, comiendo nueces y sintiéndome feliz.

Me acuerdo de Raquel encima de mí, zarandeándome con ternura, pidiendo que le dijera algo que yo no quería decir.

Me acuerdo de Tanzie mirando el fantasma que yo no puedo ver.

Me acuerdo de Mohsen llorando porque Juan Gelman estaba muy enfermo.

Me acuerdo de la doctora cubana que me atendió en mi primer crisis de colitis. Los recepcionistas de urgencias no podían despertarla y cuando despertó me dijo "se te va a pasar solito". Busqué a unas enfermeras y hablaron mal de la doctora cubana mientras ponían en mi vena muchos medicamentos.

Me acuerdo del Popocatepetl en la ventana del avión.

Me acuerdo de un atardecer dorado y rosa.

Me acuerdo de la lluvia en Xalapa, de la niebla que rodeaba a la biblioteca de la universidad, de Raquel pagándome el pasaje del autobús.

Me acuerdo de Eric llegando a mi casa como en una persecución de película. Escuché las llantas de su camioneta derraparse y verlo por la ventana llorando y tocando la reja. Me acuerdo de su cara desfigurada por el llanto.

Me acuerdo de Arturo y yo fumando en un paradero en alguna carretera de Jalisco. Las luces de los trailers eran muy brillantes.

Me acuerdo de Hugo Augusto regalándome una medalla de San Benito y abrazándome como si fuera la última vez que me fuera a ver.

Me acuerdo de que, antes de reír, Bertha María frunce la nariz.

Me acuerdo de hacer bautizmos por los muertos en el templo mormón de Ciudad Juárez. Me acuerdo que abajo de la pila bautizmal están doce cabezas de bueyes esculpidas en marmol. Me acuerdo de los obreros del templo y que todos son viejitos que huelen muy bien.

Me acuerdo de Frida hincarse frente a mí, tomarme de las manos y decirme que todo es muy difícil y que lo que es muy difícil es imposible.

Me acuerdo del muchacho que se volteó en su camioneta frente a mi casa. Tenía la cara llena de sangre y le regalé un pañuelo color azul para que se limpiara.

Me acuerdo cuando un vialidad paró a Eric y lo encerraron ocho horas por conducir ebrio. Lo esperé toda la madrugada con dos amigos de él. Me acuerdo de dormir en el suelo de la sala de espera.

Me acuerdo de María José mirándome dormir.

Me acuerdo de los comerciales del refresco Mirinda.

Me acuerdo de Mauricio Bares quitándole el filtro a un Montana en medio de una tormenta eléctrica en Hermosillo.

Me acuerdo de Enrique Servín pidiéndole al chofer que se detuviera en medio de la carretera a Ciudad Juárez para ver a un bisonte.

Me acuerdo de Bertha diciéndome que soy un árbol.

Me acuerdo de cuando mi madre me dejaba ayudarle a hacer tortillas de harina y yo sentía que lo estaba haciendo muy mal.

Me acuerdo de un día nevado en la secundaria. Mario pisó un charco de agua muy fría y el pie se le puso morado.

Me acuerdo de mi padre comiendo betabeles.

Me acuerdo de una mujer hermosa en la feria del libro de Guadalajara. Tenía una larga trenza que dividía su espalda y unos enormes ojos negros. La seguí por horas y cuando le hablé para preguntarle cómo se llamaba me respondió en alemán y me fui muy apenado diciendo que no con las manos.

Me acuerdo de Paola Velasco picando tomates.

Me acuerdo del medicamento que tomaba después de que me extirparon las amígdalas. Era un jarabe que parecía sangre.

Me acuerdo de ver mucho un infomercial de una aspiradora. Hacían una competencia en un hotel: una viejita usaba una aspiradora con filtro de bolsa; un gringo usaba una aspiradora con filtro de un material muy caro, y una ama de casa usaba un filtro de agua. Ganaba la ama de casa que usaba la aspiradora con filtro de agua.

Me acuerdo de bailar salsa con Bertha.

Me acuerdo que, siempre que nevaba, mi padre compraba tocino y quesos caros.

Me acuerdo de David Shook rechazándome una cerveza y regalándome cigarros.

Me acuerdo de que en la primaria todos usaban mochilas con rueditas menos yo.

Me acuerdo de Aniela fumando muy despacio, en Monterrey, y tiempo después imitarla pensando que así lo disfrutaría más y terminar fumando más despacio que ella.

Me acuerdo de que ir a comprar mariscos con mi padre y ver, en una hielera enorme, un tiburón. Me acuerdo que un montón de narcos lo compraron y mi papá me decía que no los mirara tanto.

Me acuerdo de mi madre en coma, llena de tubos y cables.

Me acuerdo de un sofá verde que terminó apestándose porque mis perros se orinaban mucho en él.

Me acuerdo de los cuadernos de Pokemon.

Me acuerdo de jugar con niños en un orfanato. Me acuerdo de una niña que se llamaba Andrómeda, era blanca y tenia los ojos azules, casi grises.

Me acuerdo de una noche en que me invitaron a leer poesía en un café. Todos estaban muy drogados. Una mesera se me hizo muy guapa y días después la invité a viajar conmigo al DF. Casi la convencí.

Me acuerdo de Daniel Espartaco diciendo que el sonido del tren en Chihuahua era la versión moderna de las estampidas de bisontes.

Me acuerdo de un día en que viajé cinco veces al aeropuerto.

Me acuerdo de Bertha quebrando una vajilla entera, y luego el silencio.

Me acuerdo de una noche muy lluviosa y yo daba vueltas en un Shadow 77 con un amigo. No iba muy rápido pero él me decía que fuera despacio. Tal vez sí iba un poco rápido.

Me acuerdo de sentir mucho asco al ver a niñas usando blusas de tirantes los días en que nos dejaban ir sin uniforme en la secundaria.

Me acuerdo del último día de clases en la secundaria. Todos le pedían a todos que escribieran algo en la camiseta del uniforme. Me acuerdo de escribir "me caes bien" y "ojalá hubieras sido mi amigo".

Me acuerdo de un tiempo en que estaba seguro de poder leer la mente de las personas y si mencionaba algo (si de mi boca salía) referente a mi poder, lo perdería.

Me acuerdo de los columpios que estaban en el patio de una guardería donde mi madre trabajaba. Me acuerdo de esperarla sentado ahí y ver los relámpagos en el Cerro Coronel.



10 de marzo del 2014

Fotografía de un oso polar destazando a un salmón

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:06 p. m.

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Un oso
polar
destaza al pez que te mira
desde el río de la muerte.

Rosados trozos
de carne
cuelgan de sus colmillos.

Lejos
vestidos de blanco
-porque quieren ser invisibles-
cuatro hombres también te miran
con una cámara
que igual que ellos
no tiene miedo.

El oso huye del fuego y
gime de espanto
al ver que alguien fuma.
Piensa: 'hay cosa que pueden salirse control'.
Piensa: 'tengo frío, pero está bien'
y deja
caer
el cadáver
del ya pescado,
ya no pez;
trozos de algo que comenzó mal
y terminó peor.

Atardece
y el cielo se llena
de peces muertos.
El oso piensa que sus garran
podrían matar a esos hombres
pero siempre hay algo
más importante por hacer.

Los hombres dejan sus ganas
de guardar momentos.
La cámara flota en el agua
y el río es un cielo
que ya nadie mira.

El oso polar se acercó
a tu oído:
muchas cosas
de la vida
ya no importan,
y eso es algo muy bueno.





9 de marzo del 2014

Cuatro cosas que me dijo el hombre que se está formando en la luz de mi risa y mi mirada

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:02 p. m.

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Me dijo el hombre que se está formando en la luz de mi risa y mi mirada:



Lo único que tienes en la boca es la música de esos pájaros que desaparecieron el día en que tus pies cobraron la forma de un océano invisible.

Mi cuerpo es ahora el remo que embiste el agua que se formó gota a gota desde las nubes cuya forma creías adivinar cuando eras niño.

Los muertos pueden mantener los ojos abiertos bajo el agua, puedo verlos y puedo ver también las plumas que desde el cielo, y en un viaje horrible y pasmoso, cayeron hasta el océano de tus píes; si las acercas a mi oído podré escuchar el amanecer temblando como una perra hambrienta. Si las acercas a mi oído podrás escuchar el lento crujir de la arena que se pudre entre los pies de la gente rara, la gente que te devora hasta que de ti sólo queda humo.

Y la mujer que entre tus dedos también es pájaro y mar y remo y cadáver. Y ella, quien desafina las cuerdas que mantienen flotando a los barcos donde viajan nuestras manías. Ella me dijo que miento.



Esas
y otras cosas
me dijo el hombre que se está formando en la luz de mi risa y mi mirada.








6 de marzo del 2014