Hamburguesas hawaianas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:17 a. m.

Mi amigo y yo
te paseamos por toda la ciudad.
Haces bromas y tienes hambre,
te quejas porque en Chihuahua casi no hay
restaurantes 24 horas
y yo estoy nervioso porque no tengo nada.
Mi amigo se está aguantando las ganas de llorar 
porque su novia lo mandó al carajo
y se une a mi carnaval de estupideces,
solidario,
sonriendo, pero en silencio,
haciéndome segunda en los momentos donde la voz me tiembla
y el corazón me late tan raro
que parece decirme en clave morse "se van a estrellar
contra un muro de contención
en el Periférico",
quiero abrir la guantera y sacar las pastillas
que el muchacho de Parral que va conmigo en la universidad
me dio por lástima o empatía - que a fin de cuentas
es lo mismo -,
pero tú ríes y bromeas en el asiento de atrás
con tu amigo que se llama Daniel o Miguél
y me controlo como se supone debo controlarme
porque no puedo gritar que te calles o que me gustas
y luego vaciar con dramatismo
las seis pildoritas que me quedan
y dejar que se hagan espuma con mi saliva
bajo mi lengua
¿qué pensarías de mí?
entonces me callo y respiro
igual que mi amigo
que calla y respira y tamborilea los dedos en el volante,
no quiero decirle que nos perdimos.
Los dos estamos perdidos.
Tomamos Politécnico Nacional y vemos cómo las casas
dejan de ser imponentes y se convierten
en frágiles y olvidadas casitas de cantera,
y el paisaje de noche es como la pintura de un niño enfermo
cuyos dedos llenos de pintura tiemblan 
y dibujan una ciudad que se está derritiendo,
árboles incompletos, 
parques que parecen irse en un remolino de grises y luces ambarinas.

Tú y tu amigo se callaron
¿están nerviosos o se terminó el arsenal de anécdotas?
me gustas porque siento tu mirada clavarse en mi nuca
y volteo para ofrecerles gomitas y puedo alcanzar a ver
lo que fue una mirada plana y sin brillo
¿o son mis ojos los que salen de sus cuencos y flotan hasta tu cara,
redonda y sencilla y hermosa,
y empujan tus ojos hacia adentro para mirarme de vuelta
con un semblante lleno de nada?
Ya no hay gomitas pero ya no estamos perdidos.
Bajamos por Venustiano Carranza y no encontramos comida,
no encontramos nada.
Dices que quieres una hamburguesa 
y yo palpo nervioso las bolsas de mi pantalón
como cuando veo a un policía y me aseguro de no traer nada
que no deba traer en los bolsillos
y los reviso y encuentro los cien pesos que me dio mi madre
sin preguntar por qué
sin hacer muecas ni ofrecer resistencia.
Ya no hay gomitas y no sé qué hacer.

Mi amigo serpentea por Santo Niño,
vemos borrachos zigzaguear por la banqueta,
qué envidia,
pero es lo mismo.

Son las dos de la mañana y tú y tu amigo
comen hamburguesas hawaianas.
De verdad, nosotros no tenemos hambre.
Mi amigo y yo no hemos comido en todo el día,
él por la tristeza de saberse reemplazado,
yo por pendejo. 
Comes tu hamburguesa y abotonas tu abrigo hasta el cuello,
hablamos de planes, de proyectos, de viajes,
del interminable afán por saber todas las ecuaciones 
y de pronto los cuatro 
en silencio
dejamos que el frío entumiera lo que nos quedaba de algarabía.
Mi amigo llorará en cualquier momento.






25 de Enero / 2013

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