Resignación

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:40 a. m.

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No tengo nada
no pienso en nada
no corrijo
no sé cómo o cuándo llegaré a casa
no he comido
no borro
no reconsidero
terminaré en la cárcel
y mi madre llorará
qué hijo de puta
¿necesito esto?
necesito esto
quiero dormir
estar en mi cama
solo
sin pensar en nadie
o pensando en algo
que piensa en algo
o en alguien
las cosas piensan
las cosas me persiguen
tengo hambre
tengo ganas
estoy solo
quiero algo
quiero a alguien que quiere marihuana
la gente habla
mis amigos hablan
¿son ellos mis amigos?
quiero ir a casa
hogar
ellos hablan de gente que hace música
o hace poemas
señor amable
pájaro sin alas
ayer amarillo
y un dinosaurio con nombre chistoso
no valgo porque esto no es una canción
es un poema horrible
guácala
¿y si esto es una canción?
si es una canción el poema no vale
paro cardíaco
crisis de pánico
xanax
todo es una mentira horriblemente elaborada
soy un arquetipo
soy predecible
no crearé nada
tengo un tumor
tengo un soplo
tengo algo
tengo miedo
esto es un poema
no importa lo que me digan
no importa lo que yo me diga en sueños
quiero ser un oso
quiero ser un gato
miau
quiero ser la noche y observarte y darte miedo
sé mi hogar
besaré a mi madre en la frente y la bendeciré
ganaré un premio
mi poesía tendrá premios
moriré de un disparo en los testículos
en la nuca en los brazos
no abrazo
te abrazo
quiero abrazar
abrazar a mi sombra y decirle que todo está mal
abrazar a mi sombra y no a mi miedo
ya no a mi madre
ya no a mis ganas de cantar
ya no a mis ganas de dormir en la calle y ser rescatado
por una mujer hermosa que lleve encima
un vestido de flores
que lleve encima una maldición más poderosa que mi llanto
más poderosa que mis ganas de dormir y tener
entre mis manos
un poema que sea un animal hermoso
que brille y llene de emoción
a los que ríen cuando tiembla en Japón
que llene de angustia a los que ven  a un policía
y se revisan los bolsillos
porque quizá hay cucarachas
o puede haber un alfabeto imparable
que no se puede permitir callar
que no se puede permitir frenar en seco
y revisarse los brazos para ver si hay cicatrices
o alguna otra evidencia de alguna mujer
más grande que el sol
más grande que el recuerdo más triste que tengas
ese que te hace chiquito
y hace que quieras salir corriendo
pero te alcanzarán
ellos te alcanzarán
te van a aplastar
o te levantarán del suelo
con manos sagradas
te dará de comer
escucharán la historia
de cuando tu padre estrujó tu sombra
e hizo llorar a la gente que te rodea
pero a ti no
tú prendes la tele para que haya ruido mientras duermes
y no puedas recordar
mírame
estoy embarrando en mi pecho cosas que todavía no entiendo
y quién sabe si entenderé
cuando crezca y pueda hablar de los grandes poemas
que el mundo cuida bajo el brazo
no
mi pecho está lleno de insectos y manchas
una mancha dice tu nombre
pero no sé leer
me enfrento a cosas que no sé leer
que no puedo aguantar
me caigo
tiemblo
caigo y caigo
permanezco
para ser algo que nunca quise ser
mírame
soy invisible
pero las gaviotas y los buitres hacen planes por adelantado
soy patético soy despreciable soy brillante soy reemplazable
soy lo que tu mundo espera soy lo que no te conviene mirar
soy un niño que se convulsiona sobre las flores de tu pasado
y pronto seré la mano que te desviste con paciencia
sin gritos ni temblores
pronto seré la luz que entibia tu pecho
y de tu pecho saldrán cosas que me aterren
pero quizá sea valiente
¿las enfrentaré endureciendo el rostro y crispando los puños?
mi esperma hará un dibujo en tu espalda
mientras ronco y hablo en sueños
y tu pensarás que puedo ser un animal hermoso
o una sombra cuyo perfume te recuerde lo que es la paz
mi esperma será un escalofrío que te hará sonreír
mientras que el suspiro más doloroso
te reventará el vientre
y acariciarás mi cabello
cuando el sol entre despacio
por los recovecos de tu ventana.

Ojalá.





31 de Enero / 2013

Idiota

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:58 a. m.

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go away
i'm depressed
come back
i'm having a contest for feeling tired
why am i having a contest
i want to win
or i'll kil everyone
murder isn't bad
i feel stupid

Tao Lin



NÚMERO UNO ROMANO

Estoy desesperado
me voy a morir
un poema no debería guardarse secretos
me duele ver cómo me reparto
cómo sirvo cachitos de mí sobre platos desechables
y una larga fila de gente
que le tiene miedo a los huracanes
va avanzando y a ella le toca un riñón y a él un puñado de pelos
y a mi madre un pulmón lleno de mierda
y a mis amigos la sangre que nunca pude usar
para dibujar sobre la espalda de la mujer que amé
y la mujer que amo está en algún lugar de esa fila
mandando un mensaje en el celular
o aguantándose las ganas de hacer pipí,
la mujer que amo no sabe qué es la poesía
y confunde quesadilla con pesadilla
¿el huracán llegará pronto?
¿ya hay gente muerta en las ciudades vecinas?


NÚMERO DOS ROMANO

Quizá deba salir corriendo y cumplir mi sueño de la infancia:
meterme a la casa de una familia desconocida
y decirles que estoy desesperado porque la vida no funciona
que me dejen vivir con ellos que no ocupo espacio que me baño a diario
que tengan misericordia de mí porque me desespero por la vida
porque el engrane de este robot que se la mantiene diciendo palabrotas
se atasca y hace que un niño en África tenga hambre y hace
que yo llore porque una muchacha me besó y luego se arrepintió,
yo quiero tener hambre y llorar y un niño en África quiere ser
despreciado por una mujer que no sabe lo que quiere
todo está al revés
mi pijama está al revés
mis poemas están al revés
mi corazón está al revés, cuando muera y hagan la necropsia dirán
el corazón de este pendejo está al revés
y una enfermera dirá que parece una berenjena muy roja
y otra enfermera dirá que eso me merecí por pendejo
y otra enferma no dirá nada y nomás se va a reír.


NÚMERO TRES ROMANO

Déjame ser como el muchacho con el uniforme de la prepa que se sube al camión y se sienta a lado tuyo y por alguna razón te deprime y te hace sentir miserable porque le ves la cara y en sus ojos hay algo que todavía no entiendes.

Déjame ser como la estatua que está en algún parque del centro y de noche ser más interesante de lo que no soy realmente y de día volver a ser lo que soy una estatua en algún parque del centro y casi ni ser nada  algunos incluso pensarán que soy un transeúnte.

Déjame ser como los taxistas que trabajan de madrugada y escúchame aunque no tengas ganas porque te estoy llevando a donde quieres ir y si no llegas ahí no eres nadie escúchame porque eventualmente te vas a bajar y yo seguiré manejando de noche a expensas de que me asalten y me maten.

Déjame ser como tu exnovio y tomar todas las formas que yo quiera y hacer que te de hambre mientras estás llorando o hacer que llores mientras comes y toda tu familia piense que necesitas ayuda y te manden a Monterrey a vivir con tus tíos un rato nomás para que te alivianes.

Déjame ser como un policía federal y ten mucho miedo cuando me veas porque puedo revisar tus bolsas y encontrar tu xanax sin receta o el poema horrible que escribiste la otra noche que trataba de Escila y Caribdis tomando xanax sin receta.

Déjame ser un gato.









27 de Enero / 2013

Hamburguesas hawaianas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:17 a. m.

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Mi amigo y yo
te paseamos por toda la ciudad.
Haces bromas y tienes hambre,
te quejas porque en Chihuahua casi no hay
restaurantes 24 horas
y yo estoy nervioso porque no tengo nada.
Mi amigo se está aguantando las ganas de llorar 
porque su novia lo mandó al carajo
y se une a mi carnaval de estupideces,
solidario,
sonriendo, pero en silencio,
haciéndome segunda en los momentos donde la voz me tiembla
y el corazón me late tan raro
que parece decirme en clave morse "se van a estrellar
contra un muro de contención
en el Periférico",
quiero abrir la guantera y sacar las pastillas
que el muchacho de Parral que va conmigo en la universidad
me dio por lástima o empatía - que a fin de cuentas
es lo mismo -,
pero tú ríes y bromeas en el asiento de atrás
con tu amigo que se llama Daniel o Miguél
y me controlo como se supone debo controlarme
porque no puedo gritar que te calles o que me gustas
y luego vaciar con dramatismo
las seis pildoritas que me quedan
y dejar que se hagan espuma con mi saliva
bajo mi lengua
¿qué pensarías de mí?
entonces me callo y respiro
igual que mi amigo
que calla y respira y tamborilea los dedos en el volante,
no quiero decirle que nos perdimos.
Los dos estamos perdidos.
Tomamos Politécnico Nacional y vemos cómo las casas
dejan de ser imponentes y se convierten
en frágiles y olvidadas casitas de cantera,
y el paisaje de noche es como la pintura de un niño enfermo
cuyos dedos llenos de pintura tiemblan 
y dibujan una ciudad que se está derritiendo,
árboles incompletos, 
parques que parecen irse en un remolino de grises y luces ambarinas.

Tú y tu amigo se callaron
¿están nerviosos o se terminó el arsenal de anécdotas?
me gustas porque siento tu mirada clavarse en mi nuca
y volteo para ofrecerles gomitas y puedo alcanzar a ver
lo que fue una mirada plana y sin brillo
¿o son mis ojos los que salen de sus cuencos y flotan hasta tu cara,
redonda y sencilla y hermosa,
y empujan tus ojos hacia adentro para mirarme de vuelta
con un semblante lleno de nada?
Ya no hay gomitas pero ya no estamos perdidos.
Bajamos por Venustiano Carranza y no encontramos comida,
no encontramos nada.
Dices que quieres una hamburguesa 
y yo palpo nervioso las bolsas de mi pantalón
como cuando veo a un policía y me aseguro de no traer nada
que no deba traer en los bolsillos
y los reviso y encuentro los cien pesos que me dio mi madre
sin preguntar por qué
sin hacer muecas ni ofrecer resistencia.
Ya no hay gomitas y no sé qué hacer.

Mi amigo serpentea por Santo Niño,
vemos borrachos zigzaguear por la banqueta,
qué envidia,
pero es lo mismo.

Son las dos de la mañana y tú y tu amigo
comen hamburguesas hawaianas.
De verdad, nosotros no tenemos hambre.
Mi amigo y yo no hemos comido en todo el día,
él por la tristeza de saberse reemplazado,
yo por pendejo. 
Comes tu hamburguesa y abotonas tu abrigo hasta el cuello,
hablamos de planes, de proyectos, de viajes,
del interminable afán por saber todas las ecuaciones 
y de pronto los cuatro 
en silencio
dejamos que el frío entumiera lo que nos quedaba de algarabía.
Mi amigo llorará en cualquier momento.






25 de Enero / 2013

Poema que se desenterró en el desierto y fue encontrado dentro de un recipiente con pastillas que alguien se tomó y pudo dormir

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:51 a. m.

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Estoy en medio de algo
que parece ser tranquilo,
tal vez sea una canción
que hable sobre un abrir y cerrar
de ojos
¿Es este poema
lo suficientemente brillante
como para hacer que caigas de rodillas
frente a algo
que parece un perro muerto?
Estoy en la mitad de algo
que parece ser un anochecer;
una hermosa mujer se hizo polvo cuando tronó los dedos,
entró por mi ombligo y ahora conoce todos los secretos
de mi padre y mis amigos.
Estoy justo en el centro de algo
que parece ser la garganta del cielo
y está haciendo gárgaras con mi desesperación.







23 de Enero / 2013

Paseo

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:47 p. m.

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Me desplomé en el auto de mi amigo,
su novia consiguió esconder la cara de asco
mientras levantaba mi nuca
para no ahogarme en mi vómito.

Íbamos zumbando
por Juan Escutia
en la blanca e inofensiva
camioneta de mi amigo
sin música retumbando en vidrios polarizados,
sin cosas ilegales escondidas en la guantera.

Empapé de vómito el grisáceo tapiz del asiento
y a una olvidada muñeca
que ya no está en la memoria
de la hermanita de mi amigo.

Su novia, con temblorosas manos acicalaba mi temblor.

Mi amigo gritó algo 
preguntó por alguien
esquivando la luz roja
del cruce con Tecnológico.

Algo vibró dentro de mi chamarra,
la novia de mi amigo se retiró
con miedo
y él ordenó que contestara.
Del otro lado del teléfono
la mujer que amo
se ríe y pregunta algo
en inglés.

Siento el calor de la indiferencia
recorrer mis piernas
como amarillos y calientes hilos
que se escurren por el asiento,
la novia de mi amigo observa
y no puede ocultar más
la mueca de repulsión.

Mi amigo y su novia parecen dos ángeles a punto de convertirse en estatuas. 

Cerré los ojos,
suspiré
y sonreí.




9 de Enero / 2013

Estoy solo en una isla sin dálmatas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:29 a. m.

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Ella tiene el poder de la niebla
y un pasado lleno de colores que se mueven,
que caen sobre el asfalto de mi calle
aquí y ahora;
los autos vuelcan y los perros se confunden,
mi casa está inundándose
y no sé nadar.
Perdónenme.
Ella, con su voz de alacrán, invocó al invierno
y el vaho sale de mi hocico
y se mezclará con el aire
hasta ser un solo veneno
que nos llevará las manos al cuello
a la mitad de la canción
para luego caer de rodillas;
la piel se irá haciendo de humo
los ojos volverán a ser dos nubes
que no gritan
no gimen
nada.

Ella tiene una sombra que enreda a los pájaros y los hace caer
como caen los suicidas del rascacielos.






6 de  Enero / 2012


Escribir un cuento, de Raymond Carver

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 5:01 p. m.

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Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento. Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin... Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad. Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro.

No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse. Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio... Entonces tendré al menos es ficha escrita. "El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor". Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa "única convicción moral", deberá rastrearla sin desmayo. Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:... Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.


Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores. Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la "innovación formal", y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta "pop". Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de "innovaciones formales" en la narración. Muy a menudo, la "experimentación" no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos. Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos.


Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo. Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco. En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran.


Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó "especificación endeble" a este tipo de desafortunada escritura. Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. "Lo haría mejor si tuviera más tiempo", dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.


En un ensayo titulado "Escribir cuentos", Flannery O’Connor habla de la escritura como de un acto de descubrimiento. Dice O’Connor que ella, muy a menudo, no sabe a dónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento... Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente a dónde van cuando inician la redacción de un texto. Habla ella de la "piadosa gente del pueblo", para poner un ejemplo de cómo jamás sabe cuál será la conclusión de un cuento hasta que está próxima al final: "Cuando comencé a escribir el cuento no sabía que Ph.D. acabaría con una pierna de madera. Una buena mañana me descubrí a mí misma haciendo la descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y cuando acabé vi que le había dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Recordé al marino bíblico, pero no sabía qué hacer con él. No sabía que robaba una pierna de madera diez o doce líneas antes de que lo hiciera, pero en cuanto me topé con eso supe que era lo que tenía que pasar, que era inevitable." Cuando leí esto hace unos cuantos años, me chocó el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pereció descorazonador, acaso un secreto, y creí que jamás sería capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me decía que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O’Connor. Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días, sin embargo, pensé mucho en esa frase: Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono. Sabía que la historia se encontraba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontré ese tiempo un buen día, a razón de doce o quince horas de trabajo. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita una buena mañana, brotaron otras frases complementarias para complementarla. Puedo decir que escribí el relato como si escribiera un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir.


Me gusta hacerlo así cuando siento que una nueva historia me amenaza. Y siento que de esa propia amenaza puede surgir el texto. En ella se contiene la tensión, el sentimiento de que algo va a ocurrir, la certeza de que las cosas están como dormidas y prestas a despertar; e incluso la sensación de que no puede surgir de ello una historia. Pues esa tensión es parte fundamental de la historia, en tanto que las palabras convenientemente unidas pueden irla desvelando, cobrando forma en el cuento. Y también son importantes las cosas que dejamos fuera, pues aún desechándolas siguen implícitas en la narración, en ese espacio bruñido (y a veces fragmentario e inestable) que es sustrato de todas las cosas. La definición que da V.S. Pritcher del cuento como "algo vislumbrado con el rabillo del ojo", otorga a la mirada furtiva categoría de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ahí se derivan las consecuencias y significados. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; de qué manera diferente a las de los más las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse. Las palabras serán todo lo precisas que necesite un tono más llano, pues así podrán contener algo. Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros.



Raymond Carver











1 de Enero / 2013