Se escucha la voz de una mujer

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:29 p. m.

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Se escucha la voz de una mujer,
te lo juro.

Del árbol cuelga una cierva
todavía tibia.
Que alguien la baje y le cierre los ojos.

Se escucha el canto de una mujer aderezando el mediodía.
Su voz tiene forma de nube
y se entrega a mi mirar con la decidia del borracho.

El árbol donde cuelga la cierva
                                               dicen
        se incendió hace poco.

Te lo juro.
Una humareda escarlata brilló toda la noche y no dejó dormir a nadie.
 
Se escucha el murmullo de una mujer saliendo de aquel lugar
donde algún desesperado
ahorcó a una cierva.

Alguien ciérrele los ojos.
Alguien córtele la lengua.
Alguien dígame si eso que se oye es real
¿o sólo es el crepitar del fuego?

Se escucha la voz de una mujer correr por mis venas como corre la sangre de los fantasmas

Te lo juro.





28 / Abril / 2012



Me acuerdo III

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 3:47 p. m.

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Me acuerdo de la única pelea a golpes que tuve en mi vida, fue con un niño que era mi vecino, con el que a veces salía a jugar. Se llamaba Alex. Era burlón y soberbio. Un día me sentía muy enojado con todo y él no paraba de hacer sonidos de pedo con la boca, me fastidió, le dije que si lo volvía a hacer le pegaría. Lo volvió a hacer y le acerté un puñetazo en la boca del estómago, cayó de nalgas sobre la cochera de su casa y me miró con odio, cuando se quiso levantar a golpearme otro niño nos separó.

Me acuerdo de ir a una carnicería que se llama La Jerezana, los dueños eran cristianos y siempre me querían hacer tonto dándome mal el cambio.

Me acuerdo de una tarde en la que mi hermano y yo nos quedamos solos. Ordenó pizza a domicilio y el repartidor llegó a los treinta y cinco minutos, la pizza debía ser gratis. Me acuerdo de ver al repartidor llorar frente a mi hermano y decir cosas como "me van a correr", mi hermano le pagó la pizza y él nos regaló unas alitas.

Me acuerdo de mi papá en el patio de la casa, rompiendo piñones con un martillo y cantando, abstraído.

Me acuerdo de regresar al hostal de madrugada, en Querétaro, muy borracho. Llegaron mis amigos con algunos desconocidos, recuerdo a tres: dos mujeres y un hombre. Fuimos a una casa y el hombre, que resultó llamarse Francisco, hacía Sky Dancing o algo así. Fumamos marihuana y tomamos vino pinchurriento. Una de las muchachas estaba muy a la defensiva, era hiriente con nosotros y aparte era fea. La otra me abrazaba y me mordía las cejas. Los demás hacían I-Ching con libros pinchurrientos. Me acuerdo de querer regresar al hostal y beberme a pecho el Gatorade que dejé sobre la litera. Me acuerdo de besar a la muchacha, fue un beso lento y horriblemente prolongado, nunca me dijo su nombre. Me acuerdo de pensar mucho en ella de regreso a Chihuahua.

Me acuerdo de Giuseppe tocando mi guitarra y mirándome a los ojos. Me acuerdo de conducir el coche de mi hermano con él, hasta mi casa, borracho y lloviendo. Me acuerdo de lo tranquila e inofensiva que es su mirada.

Me acuerdo de tener la malísima costumbre de anotar la fecha y hora de cuando terminé un libro sobre la tapa del mismo libro que había terminado de leer.

Me acuerdo que de niño tenía la idea vaga de lo que era el comunismo y luego corroborar que esa vaga idea que tenía era correcta.

Me acuerdo de "Jesucristo y El Santo contra la amenaza comunista".

Me acuerdo de ahorrar todos los meses para comprarme la revista de Club Nintendo.

Me acuerdo de mi primera crisis de ansiedad y ver en los ojos de mi padre un terror que nunca antes he visto.

Me acuerdo de que en las escaleras de mi segunda casa estaba escrito con gis un número de teléfono. Las escaleras estaban sin mosaico ni alfombra, era el puro cemento. El gis era blanco y el número era 4-21-75-12. Me acuerdo de nunca habérselo comentado a mi familia y tener mucho miedo, hasta la fecha, de marcar ese número.

Me acuerdo de esperar a Stephania afuera de su escuela, durante horas, sólo para verla. Me acuerdo de una noche en que llovió mucho, fui ahí después de la sesión con mi psicólogo. La gente de su escuela tomaba el camión en la parada donde yo la esperaba y cuando la lluvia azotó todos se resguardaron en un punto donde no caía la lluvia. Yo me quedé a la mitad de la banqueta porque ahí se veía mejor la esquina donde ella doblaba para esperar a su mamá. Me acuerdo de que pasaron muchos minutos y no apareció. Me acuerdo de resignarme y justo cuando empezaba a andar para mi casa, la vi. Estaba a unos veinte metros y me miraba, de lejos y por la lluvia parecía un fantasma furioso. Caminé hacia el otro lado y pensé ''misión cumplida''. Cinco minutos después me mandó un mensaje al celular que decía "Me das mucho miedo, por favor ya no me busques". Me acuerdo de que esa fue la última vez que la vi hasta dentro de mucho, mucho tiempo.

Me acuerdo de meter mis muñequitos de Dragon Ball Z a la regadera y jugar con ellos mientras me bañaba.

Me acuerdo del profe Manuelito de la primera y del profe Manuelito de la secundaria.

Me acuerdo de tantos años perdidos teniéndole asco a los pistaches.

Me acuerdo de un taxista sin brazo que hablaba de que la vida está divinamente diseñada para hacernos infelices y desgraciados.

Me acuerdo de pasar el Ocarina of Time con sólo siete corazones y la barra mínima de magia.

Me acuerdo de llorar una noche pensando en que iba a ser papá.

Me acuerdo de llorar una noche en que creí que mi cuarto estaba lleno de demonios.

Me acuerdo de llorar una noche en que no pude hacer que una muchacha dejara de llorar.

Me acuerdo de llorar una noche en la que caí en cuenta que no soy muy hombre que digamos.

Me acuerdo de llorar una noche en la que el aroma de Jessica se sentía por toda mi casa de una manera asombrosamente insoportable.

Me acuerdo de un señor muy rico que vivía por mi antigua colonia. Usaba la casa que tenía en mi calle para llevarse a muchachas de veinte años y cogérselas. Tenía un Volvo muy bonito. Me acuerdo un día en que se nos voló una pelota a su patio, teníamos miedo de tocar y pedírsela. Perdí el disparejo y tuve que tocar yo. Me pasó a la casa muy amablemente. Me acuerdo que el interior era muy austero, cerca de la puerta al patio estaba la habitación y el ochenta porciento del espacio estaba ocupado por una enorme cama redonda.

Me acuerdo cuando Mario dijo "Ves la tempestad y no te hincas'' y de lo mucho que me reí.

Me acuerdo de Rogelio, un muchacho al que le di clases. Es algo gordo y algo alto, tiene una mirada llena de tristeza y una sonrisa muy poderosa. Era muy flojo. Lo puse a hacer un ejercicio de "Me acuerdo" y puso: "Me acuerdo cuando le robé la camioneta  a mi jefe, fui con unos compas y ya andando bien pedos fuimos a la casa de una ex novia y estampamos la camioneta en el burlaperros. Salimos corriendo en chinga y al día siguiente amaneció la camioneta en mi cochera. No sé qué chingados pasó".

Me acuerdo de Rogelio Treviño recitándome Muerte sin fin mientras me sacaba un cigarro de la cajetilla creyendo que no me estaba dando cuenta.

Me acuerdo cuando me dijeron que Rogelio Treviño murió.

Me acuerdo llegar muy borracho a leer en la mesa de lectura homenaje a Rogelio Treviño.

Me acuerdo de soñar que iba al funeral de Rogelio Treviño, llegaba en el carro de mi hermano y dentro era como una carnicería donde los dueños, judíos, me miraban con ojos saltones y reptilianos.

Me acuerdo de Darío Zalapa, muy borracho como de costumbre, tirando media cerveza sobre su laptop, llorando.

Me acuerdo de una campaña de Pepsi donde decían que si servías el refresco en un vaso muy frío, el líquido cambiaba de color a un ámbar muy claro.

Me acuerdo de Omayra y su blusita de rayas blancas y negras. Me acuerdo de ella con su blusita de rayas blancas y negras sobre el ajedrez gigante de la Facultad de Artes. Me acuerdo del vórtice interdimensional que se abrió y me acuerdo de mi taquicardia.

Me acuerdo de ir a un bar, muy triste, con unos amigos. Tocaba una banda que no recuerdo cuál es. Estaba yo muy triste por una mujer, o algo así. Me acuerdo de que una pelirroja muy alta y de un cuerpo muy raro se me acercó y dijo algo como "¿pues quién se te murió?" y yo me reí, me preguntó como me llamaba y le dije. No me acuerdo cómo se llama ella.

Me acuerdo cuando pensaba que podía cambiar al mundo.

Me acuerdo cuando pensaba que estaba cambiando al mundo.

Me acuerdo cuando pensaba que el mundo necesitaba ser cambiado.

Me acuerdo de Brenda acariciándose el tatuaje, pidiéndome que le ayudara a hacer su tarea de inglés.

Me acuerdo de Luis y Miguel, dos cuarentones que atendían una tienda de abarrotes por una casa donde viví un año. Eran pareja. Me acuerdo que los dos tenían voces potentes, graves, rasposas. Parecía que siempre estaban encabronadísimos. Años después me acuerdo ver en las noticias que un asaltante asesinó a uno de ellos.

Me acuerdo de Stephania sentada conmigo en el puente peatonal de la iglesia Divina Providencia, diciendo que ya se tenía que ir, pero nunca se iba.

Me acuerdo de ver una nube que tenía la forma de un rostro demoníaco gritando. Me acuerdo que pensé que quizá era mi imaginación, pero no, mi hermano también la vio.

Me acuerdo de Daniel Espartaco y lo mucho que tenía que concentrarme para entenderlo cuando hablaba. Me acuerdo de lo poco que mueve los labios al hablar y de sus analogías entre poesía y Star Wars.

Me acuerdo de un viejito que andaba por el centro con una marioneta de un ratón blanco.

Me acuerdo de pedirle perdón a Gerardo, frente a una cantina, él me miraba fijamente y yo no podía tolerar eso. Me acuerdo que me dijo no poder perdonarme.

Me acuerdo de Serrato y su voz de locutor. Me acuerdo que recitaba el poema ese de Langagne que habla sobre un tambor y una madre muerta.

Me acuerdo de Diana cocinando pescado al horno, pidiéndome perdón por lo seguramente muy feo que iba a saber. Me acuerdo que supo muy rico.

Me acuerdo de Eric acostado en su cama, recién salido de una cirugía, atontado por los medicamentos y despidiendo un picante olor a enfermo.

Me acuerdo de trabajar en un café árabe. Me acuerdo que todos creían que yo también era árabe. Me acuerdo de decirle a unas muchachas que era de Turquía.

Me acuerdo de ver un documental sobre un lugar que se llama Garabandal, en España, donde la Virgen se le aparecía a cuatro niñas. Las imágenes del documental eran muy fuertes, las niñas levitando entre multitudes de personas o caminando hacia atrás, mirando al cielo, a una velocidad increíble, entre las piedras y con una horrible sonrisa en la cara. Me acuerdo no poder dormir esa noche.

Me acuerdo de soñar con un enorme elefante corriendo sobre una avenida comercial, destrozando con la trompa los cristales de los comercios y a la gente huyendo con más precaución que miedo.

Me acuerdo de soñarme en el sótano de una pirámide, los que vivían ahí abajo me aseguraban que ya nunca iba a poder salir. Caminaba por los pasillos y veía en un cuarto a una sombra, de lo que parecían ser sus pies brotaba una cadena que se enganchaba a una estaca clavada en el suelo, yo preguntaba quién era él y los nativos me decían "él es el mudo, si lo haces reír, él te va a hacer llorar".

Me acuerdo de Stephania comer sin ponerle mucha atención a su comida, como quien no quiere la cosa.

Me acuerdo de soñar con un enorme bote de basura de donde nunca dejaban de salir antiguos conocidos, algunos me saludaban y otros no.

Me acuerdo de soñarme viajando en un autobús urbano de dos pisos, yo iba en el primero, de pie. Un hombre se puso a recitar un poema, yo le decía que era muy malo y el hombre empezaba a llorar, luego abrió la puerta de una patada y saltó del autobús en movimiento.

Me acuerdo de las nubes bajísimas en la entrada a Monterrey. Me acuerdo que en el camión iban pasando una película de Cantinflas y era difícilísimo no saber qué mirar, si las nubes o la película.

Me acuerdo de la voz de Brenda por el teléfono, riéndose con miedo.

Me acuerdo de los burritos del Champion y los burritos de la Clínica 44.

Me acuerdo de meter un gol de cabeza, el balón era nuevo y estaba muy duro. Me acuerdo de festejar mareado y atontado.

Me acuerdo cuando en MTV pasaban música.

Me acuerdo de un antiguo novio de mi hermana. Entraba a mi cuarto cuando yo jugaba al Nintendo y a él le daba mucha vergüenza preguntarme si podía jugar conmigo.

Me acuerdo de mi mamá llorando mientras preparaba la cena de Noche Buena.

Me acuerdo de Jessica dormida en la camioneta de Eric, agotada por la marihuana, una lluviosa noche de Septiembre.

Me acuerdo de un helado de Timón y Pumba sabor naranja que tenía gomitas con la forma de animales.

Me acuerdo de programas muy buenos que ya no transmiten como Trotamundos, Jamie Olliver Puka Tuka, True Life, Penn and Teller y Sex City.

Me acuerdo de Ponchito, América y Mariana, tres niños que mis papas cuidaba de vez en cuando. Me acuerdo ver a mis papas extasiados de felicidad con ellos y yo pensando en cómo iban a ser mis papas cuando fuesen abuelos.

Me acuerdo de cocinar puerco al plátano en casa de Eric.

Me acuerdo de ir a una fiesta de puros ricos en un bar de gente rica. El lugar se llama Chupalimón y eran puros estudiantes del Tec de Monterrey. Me acuerdo que hablaban sobre carros, drogas, mujeres muy putas y, obviamente, sobre Marxismo Leninismo.

Me acuerdo de Ana, días antes de que se fuera a Tailandia. Salimos a un café y yo quería besarla pero me daba muchísimo miedo. Me acuerdo de resignarme y cuando la despedía, me plantó un beso y gritó "¡Cómo me caes mal!".

Me acuerdo de tener una intensa, épica y monumental batalla contra una mosca. Duré (me acuerdo perfectamente, conté el tiempo) cuarenta y cinco minutos sin parar, intentando aplastarla con una revista enrollada.Cuando logré asesinarla, me dejé caer sobre la cama y me quedé dormido.

Me acuerdo que antes, a las trocas, les pintaban en el vidrio delantero unas líneas que semejaban unas venas saltonas.

Me acuerdo de ver una película sobre San Francísco de Asis y tener muchas ganas de hacerme franciscano.

Me acuerdo de los hielocos Coca Cola.

Me acuerdo cuando mis amigos y yo no sabíamos qué eran los hipsters pero decíamos que había gente que por como se vestía, como hablaba y como se comportaba, nos hacían sentir como en un horrible y caluroso domingo al mediodía.

Me acuerdo de "por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento".

Me acuerdo de "nada se compara a hacer el amor en un lecho lleno de salsa de tomate".

Me acuerdo de "mi cadáver será espejo de rostros nuevos".

Me acuerdo de "finaliza Septiembre. Es hora de decirte lo difícil que ha sido no morir".

Me acuerdo de "antes que mis ojos fuiste luz / antes que el Amor amor / y cuando el beso te prendió / mujer".

Me acuerdo de que en Ciudad Juárez a los raspados se les dice raspas y que allá saben más ricos.

Me acuerdo de Samalayuca detrás de los cristales del Omnibus.

Me acuerdo de acompañar a mi mamá a la tienda de telas La Parisina y ver muchos gitanos comprano retazos. Me acuerdo de mi mamá agarrándome muy fuerte de la mano porque creía que me podían robar. Me acuerdo no volver a ver nunca un gitano en otro lugar que no fuera La Parisina.

Me acuerdo de Rarámuris muy borrachos masturbándose en la calle cuarta, frente a las carnicerías.

Me acuerdo de la calle cuarta y su olor a basura mojada, vísceras, mierda y humo. Me acuerdo de subir la calle cuarta a las siete y cuarto de la mañana porque en esa calle quedaba mi prepa. Me acuerdo de los cholos que vendían playeras con horribles estampados de Cristos llorando. Me acuerdo de las tiendas de botas que están atrás de Catedral y el tramo desolado entre la Quinta Gameros y la calle Aldama.

Me acuerdo del CEDART pero prefiero no acordarme.

Me acuerdo del centro de Chihuahua por la noche, en el carro de Emanuel, en la camioneta de Eric, a pie de la mano de Omayra, sólo, en un taxi, en un camión.

Me acuerdo que de niño siempre quise tener un globo terráqueo.

Me acuerrdo de nunca saber para qué servía un astrolabio y hasta la fecha no saber.

Me acuerdo de limpiar la pipas árabes en el café donde trabajé, me acuerdo de aprender a preparar Sahlab y aprender dos palabras muy útiles en árabe: idiota "marras" y puta "sharmuta".

Me acuerdo de trabajar en un servicio de atención telefónica vendiendo planes y celulares. Me acuerdo de enojarme mucho cuando tenía una venta casi segura, luego el cliente (un hombre con voz de cincuentón mamón) dijo "no, mejor ya no. Tienes voz de colombiano".

Me acuerdo de mi papá decir "Pinches ricos hijos de su puta madre, cómo me caen mal los cabrones, y lo peor es que voy que vuelo pa' ser uno de esos".

Me acuerdo de una época en la que todos querían ser argentinos, luego otra época en la que todos querían ser franceses y otra en la que todos querían ser londinenses.

Me acuerdo de nunca haber podido pasar el Sunset Riders, el Megaman X y el Chrono Cross.

Me acuerdo de "¡The power of christ compels you!".

Me acuerdo de "¿Ron, agua o lechi?".

Me acuerdo de "Fishy, fishy, fishy, fishy, fishy".

Me acuerdo de Cameron Díaz con semen en el cabello.

Me acuerdo de Jodie Foster prometiéndole Disneylandia a su hijo superdotado.

Me acuerdo de Robin Williams llorando sangre a la mitad de un pasillo de súper mercado.

Me acuerdo de las películas de Charlie Brown que mi papá me rentaba cada martes. Me acuerdo de Charlie Brown 11 am a 1 pm en Nickelodeon. Me acuerdo que me daba mucha risa la enferma relación entre Stacy Van Pelt y Schroeder.

Me acuerdo del intro de Garfield "amigo es quien puede lograr que la vida sea más linda" o algo así.

Me acuerdo de los muñequitos Bimbo que olían a pan.

Me acuerdo de los chistes de mi papá, totalmente incoherentes. Me daban mucha risa porque el chiste era la conexión de dos o más elementos absolutamente sin ninguna relación. "Eres como los semáforos... coquetos y saltarines".

Me acuerdo de que nadie entendía que mi miedo a la muerte era más bien un miedo a qué carajos iba a ocurrir después. Me acuerdo de un día leer una historia judía en la que un niño le pregunta a su padre qué ocurre después de morir y el padre le responde que morir es como cerrar los ojos al parpadear, pero al abrirlos, ya eres otra persona.

Me acuerdo de cuando todavía se usaba el ICQ, cuando Yahoo! era el buscador más confiable. Me acuerdo del Fotolog y de los montones de gente interesante y no tan interesante que despertaban mis ínfulas vouyeristas. Me acuerdo de Latinchat y de Digizona. Me acuerdo de cuando el MSN Messenger era un programa que obligatoriamente debías tener en tu computadora.

Me acuerdo de Omayra comer como si fuera su última cena.

Me acuerdo de estar acostado a lado de una pelirroja mitad italiana que olía riquísimo y hablaba pidhandodhe da dengua y algo gangosa.

Me acuerdo de una tarde en la que toqué la guitarra en la calle Libertad y gané treinta pesos.

Me acuerdo de mi papá haciendo rifles de ligas, íbamos al llano que estaba a lado de la casa a buscar palos de escoba. Me acuerdo que hacía también paracaidas con bolsas de plástico.

Me acuerdo de cuando hablaba mucho, pensaba poco y hacía nada.

Me acuerdo cuando hablaba muchísimo, pensaba muchísimo y hacía puras cosas inútiles.

Me acuerdo cuando hablaba poco, pensaba mucho y hacía puras cosas difíciles.

Me acuerdo de cuando hablaba poco, pensaba lo necesario y me aburría mucho.

Me acuerdo de las horribles tortas ahogadas sabor vinagre de un restaurante en Guadalajara.

Me acuerdo de mi reencuentro con Fabián y Darío en la FIL de Guadalajara. Nos pusimos más o menos borrachos con latas de treinta y cinco pesos cada una. Me acuerdo cuando los tres coincidimos en que ese viaje a Monterrey nos desmadró.

Me acuerdo de ver los videos de Pancho Galván y de Jon Lajoie cuando estoy muy triste.

Me acuerdo de que mi meta era ser, cada día, un poco más insufrible.

Me acuerdo de una chica del trabajo que me gustaba. Era delgadita, algo alta y con la cara picada por un antiguo acné, tenía el cabello lacio y corto. Se apellida Ovalle. Me acuerdo que nos mirábamos mucho. Me acuerdo que un día me senté en la computadora pegada al pasillo, intentaba hacer una venta y me tocaron el hombro, volteo y era ella. Tenía una hojita de papel en las manos y me la dejó en el escritorio, sonriendo. La hojita tenía cinco números que eran venta segura. A partir de ese día, me acuerdo, la muchacha me daba dos o tres ventas seguras casi diario, siempre sonriendo. Me acuerdo que un día, en un receso de quince minutos, coincidimos en la cafetería. Ella comía pollo del Kentucky Fried Chicken y yo compré una paleta de hielo. Me senté enseguida de ella y nada más se rió, yo me puse tan nervioso que no pude decir nada. A partir de ese día sus ventas seguras fueron disminuyendo. Comencé a extrañarla. Me acuerdo de mandarle un recadito que decía más o menos "hace mucho que no sé de ti, me gustaría conocerte", lo respondió ese mismo día, su papelito decía - cito textualmente - "no pienses mal, yo nada más estoy regalándote ventas. Acabo de volver con mi novio y no quiero problemas" y en la hojita venía un número, esa venta no se hizo porque el número ya no existía.

Me acuerdo de Daniel Espartaco tomando Tecates Light sentado al centro de la mesa. Me acuerdo que cuando se agotaba un tema de conversación, le preguntaba a quien más cerca tuviera "¿Qué pasó? ¿estás bien?".

Me acuerdo de entrar a un café y ver a un muchacho muy delgado, vestido horriblemente, leyendo un grueso libro de Lovecraft y mirando el panorama cada cinco segundos.

Me acuerdo de Jessica comer rápido, como desesperada y enojada.

Me acuerdo de un celular Siemens que tenía, muy bonito, azul y con algunos colores en la pantalla. Me acuerdo que me preguntaron si tenía reproductor de mp3 y yo no saber qué era mp3 y responder que sí.

Me acuerdo del primer reproductor mp3 que tuve, era, creo, Samsung y la capacidad era de 128 mb. Me acuerdo que la primer canción que le metí fue Fly me to the moon.

Me acuerdo de planear un día de campo perfecto que nunca ocurrió.

Me acuerdo de nunca haber disfrutado acompañar la comida con cerveza.

Me acuerdo de las Tortas Mechos, las Tortas Piolin y las Tortas México.

Me acuerdo de que soy muy bueno criticando a los que se la mantienen criticando.

Me acuerdo de ver una Fender Jaguar imitación madera con un Mini Orange al asomborasmente accesible precio de cinco mil pesos.

Me acuerdo de Irving, un niño ñoño e inseguro de mi primaria. Su mamá lo consentía mucho. Me acuerdo que yo le caía muy bien a Irving y a veces platicábamos. Me acuerdo de una mañana en la que lo vi llorar mucho, me contó que había salido muy bajo en su boleta y que cuando eso pasaba su papá le daba en la espalda con un cable una cantidad de golpes que iban en función a los puntos que faltaron para que alcanzara el diez. Por ejemplo, si Irving sacó un seis en matemáticas, su papá le daba cuatro golpes en la espalda con el cable. Así para todas las materias. Me acuerdo de consolarlo y decirle que tal vez ésta vez no le haría nada.

Me acuerdo que de niño el sabor del agua me daba ganas de vomitar.

Me acuerdo de siempre estar conciente de las evoluciones de las consolas de videojuegos, nintendo - super nintendo - nintendo 64 etc. Me acuerdo de darme cuenta, en la transición Nintendo 64 - Nintendo Gamecube, que ahí terminaba todo para mí. Mis padres jamás iban a poder pagarme algo más caro que un Gamecube, y así fue.

Me acuerdo de lo incomoda que puede ser una mujer ebria.




21 / Abril / 2012