Tapioca

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:59 a. m.


Hoy te extraño y miro mi celular y pienso en marcarte y ser un tonto y después pienso en que quizá estás dormida y quizá pienses que estoy borracho o pienses que soy un fastidioso o un bobo y miro el celular y miro el frasquito de vainilla que me diste y cierro los ojos porque quiero llorar y escribo sin ver el teclado y recuerdo ese suetersito amarillo con el cual un día fuiste a visitarme a la facultad y nos fuimos y vimos a ese señor que le pusimos de nombre Ignacio y recuerdo tus besos que eran como una lluvia justo en el rostro y recuerdo el día en que fuimos a comprar aguas frescas con Arturo y recuerdo el día en que me dijiste Te Quiero sin que yo te haya dado pie para que me lo dijeras y recuerdo verte con tu sueter rojo antes de conocernos y pensar en ti en esos lapsos muertos que las circunstancias nos ofrecen y ahora yo te pienso en esos lapsos vivos que tú me reviviste y recuerdo tu blusita rayada que traías el día que ese pendejo te siguió por la calle Kennedy mientras se masturbaba y recuerdo el asco en tu voz cuando me platicaste y recuerdo ordenarme a mí mismo que el abrazo que te iba a dar iba a ser el abrazo más reconfortante y recuerdo tu sonrisa y tu urgencia por tomarme de la mano y recuerdo pensar en que te pareces mucho a Audrey Hepburn y recuerdo pensar eso mientras te platicaba del Arcano XIII y recuerdo que te recostaste sobre mis piernas y yo jugaba con tu cabello y recuerdo recordar que Oma es Abuela en holandés y recuerdo escribirte muchas cosas en mis libretas y luego arrancar las hojas y comérmelas, una por una, porque pensaba que de esa manera todo lo que siento por ti se iba a quedar dentro de mí y recuerdo angustiarme cuando parecía que las circunstancias iban en contra nuestra para no poder vernos tal día y después ganaba mucha paz porque a fin de cuentas se solucionaba y te veía y te veía con tus labios perfectamente pintados o te veía con tus zapatitos esos que se ensuciaban con facilidad o con esa falda que llevabas el día que nos besamos por primera vez y que fue la excusa perfecta para que una cucaracha invadiera la península de tu rodilla y luego gritaras o verte sin bañar y oler esos rinconsitos sombríos de tu cuello y sentir que huelo y preguntarme qué huelo y sentir que vuelo y sentir que me importa un carajo el hecho de que no te bañes porque yo podría seguir en ese ritual de olerte con discreción o con desvergüenza y ver que quizá te molesta, como el día en que yo estaba en Monterrey y te enojaste y me ordenaste irme mejor a cenar (y recuerdo cerrar los ojos y verme cómo me sacaba los ojos usando alguno de los broches de tu cabello) pero tienes razón porque recuerdo que ese día yo era algo así como un pez cuando de pronto le rompen el aire y se convulsiona en la sequedad de lo respirable y es que yo añoraba el vértigo que tu mar me ofrece y recuerdo extrañar tanto ver la delgadez de tu cuerpo y suspirar y hacer algún comentario que tú probablemente no creerías como el día en que Eric me llevó a casa de Meche a la una de la mañana y saliste con un vestido y yo quise salir corriendo porque en ese momento supe que tú toda tú eras esa bomba andante que se iba a encajar en mi pecho e iba a explotar y a partirme y esa bomba que eras tú se encajó ese día en que me encontré escurriendo en sudor en una calle de nombre impronunciable, preguntando en una tienda naturista si vendían tapioca y sentí el tictactictac del contador hacerme cosquillas en la piel del pecho cuando llegué a tu trabajo sin la tapioca y quería que no me miraras y quería aventarme de ese balcón en el que cinco, seis veces te asomaste a veces sonriendo y a veces sonriendo a la fuerza y caer porque no te conseguí la tapioca, porque querías tapioca, porque vi en tu rostro un verdadero, intenso y casi cósmico deseo por reventar las bolitas de tapioca. Vi en tu carita que tanto extraño tener pegada a mi frente un deseo animal por comer tapioca y yo lo tomé como la prueba final y fracasé, fracasé con tu tapioca, fracasé como hombre, como novio, como ex novio, fracasé como amigo, fracasé como repartidor, le fracasé a tu hambre, a tus antojos de niña, fracasé conmigo mismo. Fracasó Jesús Alberto. Fracasó. Y ese día en que le mentí a tus ex suegros para que me dieran dinero y comprarte la tapioca y recuerdo conseguirla y sentir que encontré a toda tu felicidad dentro de un frasquito de plástico y compré dos y vi cómo te los comías despacito. Y te pedí que pusieras canciones y las pusiste no te hagas el sorprendido si las flores comen gente yo te vi tirar semillas en los campos de la muerte  y recuerdo que nos besamos y yo sentí en ese beso cómo alguien me daba la bienvenida al mundo de los muertos y pude saborear en tu beso algo más que tapioca y algo más que un caldo de res y algo más que una cerveza y algo más que fresas con azúcar (es que recordé una noche en que todavía eramos ajenos y te dije que me sentía muy triste (pero nunca te dije esa noche que me sentía triste por ti porque te quería) y tú me dijiste que todo se arregla con fresas y azúcar), sentí en ese beso cómo me empezabas a tener miedo y por eso te dije eso y recuerdo que me atropellaste las palabras diciendo que no dijera nada y recuerdo pensar que quizá debería callarme pero no lo hice y recuerdo salir al balcón a fumarme un cigarro y pensar "si viene y me abraza mando todo al carajo y a partir de este momento ella será la emperatriz de mis entrañas" y recuerdo que no lo hiciste y aventé la colilla y entré y tú estabas desconectando la portatil y me miraste apenas con tu pretexto de ojos que miran y yo me despedí y bajé las escaleras y tú me dijiste un Te Quiero y yo no te lo respondí y recuerdo llorar en la avenida Niños Héroes mientras me comía un elote en vaso y te extraño tanto y quiero hacerte ver que la vida es más que hablar de filósofos y más que los apellidos y más que las fotos buenas y más que la economía del lenguaje y más que Nellie Campobello y más que los cuarenta mil muertos y más que la muerte. La vida no es nada. La vida es tapioca con lágrimas y la vida es mi noche y mi noche son mis diez dedos y mi lengua y mis intentos de dejar de fumar para que no te quejes cuando me beses y mi noche es mi vida y entonces mi vida es tomar el celular y marcarte pero limpiándome la voz mientras espero a que de tono para que cuando respondas no te des cuenta que ya me había quebrado. No respondes. Te escribo un mail con un haiku porque se que eso es algo que te gusta de mí, recuerdo una noche que te invité a hacer haikus y tú hiciste uno hermoso que hablaba de una luna y hablaba del mar y eres la boca del mar. Quizá duermes o quizá vista mi nombre en la pantalla de tu celular que suena como el mío y dudaste o te asustaste. Y lo que dice el haiku es verdad. Nunca antes como hoy he querido sentir ese dolor metálico en el brazo izquierdo y luego retorcerme. Se siente tan rico quererse morir por alguien. Te volví a marcar. Este texto está perdiendo validez. Mi hermana hoy trajo tapioca y tomé un poco y mi madre me preguntó si ya me gusta la tapioca y yo le dije que no.




Diez de agosto del 2011

Comments (2)

Like mil y asi

Será que hoy ando muuuuy sensible, pero casi me haces llorar.