Península

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:50 p. m.

Los hombres como yo no tenemos corazón
en vez de corazón
tenemos un perro enloquecido
- Efraín Huerta



Te escribí otro poema
pero lo dejé en la pc vieja
se echó a perder
y hablaba de lechuga de carlos v
y de una hamburgesa que se llamaba Elvis Presley
también lo extraño
porque no decía mentiras
y era un poema de flores milagrosas
- Iván Ortega López


 


Península.
Cuerpo atado a la orilla del mundo.
Yo acariciaba tus palpitaciones pero no te importaba porque la noche se regocijaba en otros aromas. Península.
Una bandera se encaja firme en los rescoldos del terremoto.
Oremos.
Península.
Mira cómo el mar se destruye a sí mismo en la música de las rocas.
Yo te ofrezco un mundo en llamas y tú te conformas con el ríspido balbuceo de una llovizna.
Hay canciones que fueron hechas para destruirte.
Hay mujeres canción.
Hay en mi colección de infartos una foto tuya donde abrazas a tu padre.
No sé si es un lugar común el decir que las avenidas de la ciudad son como el sistema circulatorio de un monstruo enorme.
Península.
Mi nombre me hace crucificable.
Ir a visitarte al trabajo y advertirte ya tan adentrada en la sociedad,
amurallada detrás de ese escritorio y elaborando noticias de muerte.
Me pides perdón cuando tu pie roza el mío en ese triste juego de las casualidades accidentales.
Ya no existen los ancianos que cantan palabras que después cantarán los niños
en las noches llenas de veneno.
Y yo me conformaría con que ese pie, tan solo tu dedo meñique, la uña, la cutícula, me amara.
La quietud de tus manos preparando el café.
La quietud de tu silencio artificial cuando yo hablo de las trombosis cerebrales y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y lo obsoleto de la filosofía.
Hay hombres que se visten con la tristeza de un tigre encerrado en el poema.
Hay en mi sangre una luciérnaga que alguien bautizó con tu nombre.
Península.
Soy una cigarra enterrada en el suelo como una mina antipersonal
y espero el momento justo para explotarte en la sombra.
Busco el momento para poner en este poema la palabra cicatriz.
Este poema es casi todo para ti, tuyo es ese perfumito que despedirá al momento de teclear el punto final.
Tu incapacidad de quemarte en mis ansias es el resultado de una ecuación irresistible.
Déjame andar por la ciudad buscando tapioca
nada más para ver cómo te las arreglas al comértela sin dejar de sonreír.
Península.
Mi nuevo modus vivendi es resbalarme en el tiempo aprovechando lo terso de mis párpados.
Península.
Las consecuencias del fuego se arremolinan en el lecho sangriento de mi lengua.
Te invito a ser la presidenta del club de los desastres naturales.
Onomatopeyas con sístoles y diástoles son colores que harán 
BANG BANG
Una vocesita de niño matándote a la distancia.
Todas mis novias tenían volcansitos incrustados en la espalda 
y luego SQUISH llegaban mis dientes para erizar el abecedario que colgaba de sus ombligos.
Espaldas aliepsides deslipeides deidades con granitos en la espalda.
Volcán vírgen
Volcán muerto.
Ceniza y onomatopeyas de ceniza.
(te invoco con vela, con libro y con campana)
La onomatopeya perfecta de la muerte es ese chasquido que impera cuando se termina el beso.
(glicerina y turbulencia)
El diablo se ríe cuando le salpican algún grito de procedencia dudosa.
Qué triste es saberse participe de un genocidio angelical.
El mundo entero está lleno de cicatrices, pero a nadie le importa. 
Mi madre me fracturó la desdicha que atesoraba desde niño.
Mi sombra está recubierta en cicatrices.  
Dormir es una muerte en abonos.
(espejos para los animales) 
Mi arquitectura de caramelos murciélago no pueden abastecer el hambre de tus huesitos.
Península.
Recuerdo la época en la que tenía miedo de ver medusas y arañas en cualquier parte.
Ahora que el cielo se me presenta como una materialización de lo irrealizable, tus adioses repentinos me duelen menos que una corona de espinas, pero son fastidiosos como una mordida en las clavículas.




Tres de Agosto del 2011 

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