Recuerdo

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 7:42 p. m.

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Ejercicio inspirado en la obra I remember de Joe Brainard.


Recuerdo negar la existencia de los elefantes cuando era niño, para mí los elefantes eran equivalentes a un unicornio o un duende. 
Recuerdo creer que las bolitas de tapioca eran huevas de rana y sentir un asco profundo cada que mi hermano se las ponía entre los dientes.
Recuerdo ver la película de Pinochio cuatro, cinco veces seguidas. Recuerdo los diálogos de Pinochio e imitar la voz de Stromboli.
Recuerdo que mi padre al regresar de la secundaria donde daba clases me traía churros rellenos de cajeta o a veces una hamburguesa.
Recuerdo sentir hambre pero no pedirle a mi madre que me hiciera cena porque tenía miedo de que se enojara.
Recuerdo una noche de invierno en que cayó mucha nieve y mis hermanos salieron a jugar y a mí no me dejaron porque traía principios de resfriado. Mi hermana regresó con un ojo ennegrecido e hinchado, lloraba, mi hermano entró después muerto de la risa.
Recuerdo tener un perro que se llamaba "Choyacas" y se llamaba así porque cuando llegó a la casa tenía su piel llena de llagas. Un día de pronto desapareció.
Recuerdo a una compañera de la preparatoria que tenía una cicatriz a lado de la barbilla ocasionada por la mordida de un perro, a mí me excitaba mucho esa cicatriz.
Recuerdo el primer libro que me gustó, estaba en cuarto año de primaria y mi mejor amigo y yo lo encontramos en la biblioteca del salón. Se llama Amor y dolor (y Taj Mahal) de autor noruego. Era un cuento para niños, el cuento infantil más erótico en la historia del universo.
Recuerdo a mi abuelo paterno que me sentaba en sus piernas cuando yo tenía tres años y él se reía mucho porque le leía lo que decía en su periódico.
Recuerdo nunca haber sido bueno para el King of Fighters.
Recuerdo husmear una cajita que tenía mi hermano en su cuarto y leer las cartas que sus novias le mandaban. Recuerdo a mi madre poniéndose guapa todos los martes en la noche para ir a las reuniones de la Liga de Unión Socialista y a mi padre mirándola con desprecio.
Recuerdo esa foto de mi padre: gabardina militar, delgadísimo, un lucky strike sin filtro atorado en la boca y en las manos un montón de panfletos trotskistas.
Recuerdo llorar porque mi hermano me ganaba la televisión.
Recuerdo llorar porque mi hermano me ganaba la televisión y luego él sentía algo parecido a la compasión y me dejaba el control remoto para ir a visitar a su novia.
Recuerdo creer y querer nunca tener novia.
Recuerdo sentir mucho miedo cuando iba Jaime Maussan al programa de Adal Ramones y acostarme a dormir con un agujero en el estómago.
Recuerdo enamorarme de una niña sorda y haber invertido más de cien pesos en comprarle un chocolate diario.
Recuerdo ponerme muy nervioso en la primaria cuando el profesor de educación física le daba por hacer equipos y jugar futbol.
Recuerdo el regaño de una señora en la iglesia porque me saqué la ostia de la boca.
Recuerdo bautizarme en la iglesia mormona.
Recuerdo el nombre de mi primer poema.
Recuerdo la fecha de mi primer beso.
Recuerdo que mi primer intento de suicidio fue cuando tenía ocho años, intenté enterrarme un cuchillo de cocina en la panza. El error fue querer clavarlo despacito, debí haberlo hecho de golpe.
Recuerdo masturbarme leyendo El Cantar de los Cantares y sentirme culpable.
Recuerdo la cara del técnico que me instaló mi primera computadora. Era una Acer, Windows 98 y con la monstruosa memoria RAM de 56 megas me era suficiente para bajar canciones del Kazaa.
Recuerdo conocer a un niño en la lavandería a la que iba con mi madre. El hijo de puta tenía todos los tazos de Pokemon y hablaba pisándose la lengua.
Recuerdo que mi madre me ponía café muy dulce en el biberón.
Recuerdo llegar a casa de mi abuela paterna en navidad y ver a todos mis primos jugando. Recuerdo sentirme triste porque casi no nos conocíamos.
Recuerdo enterarme del suicidio de mi primo Abraham y meses después ver una fotografía suya. Recuerdo sentir mucho terror al advertir que nos parecemos mucho.
Recuerdo el día en que decidí querer ser escritor.
Recuerdo haber sido humillado en un parque y luego ser humillado por mis amigos porque yo me dejé humillar.
Recuerdo reirme a carcajadas con las películas de La Risa en Vacaciones.
Recuerdo mi primer día en la universidad.
Recuerdo dormir afuera del Teatro de los Héroes.
Recuerdo sentir miedo cada que alguna chica que me gusta habla de su pasado.
Recuerdo haber estado a punto de vivir en el D.F
Recuerdo que a mi hermana le daba muchísima vergüenza cuando la descubria a ella y a su novio besándose.
Recuerdo soñar más de tres veces en mi infancia un llano enorme lleno de gente crucificada, y detrás mío, toda la familia de mi padre gritando.
Recuerdo que mi compañero de cuarto en el hospital cuando me extirparon las amígdalas era un niño odioso y ñoño que alegaba que al no jugar videojuegos él era más feliz y más inteligente.
Recuerdo sentirme muy confundido cuando escuchaba a mi madre decir que le caía muy mal Lucerito. Recuerdo imaginar a mi madre tomando café con la cantante. Recuerdo preguntarle a mi madre por qué le caía mal Lucerito y mi madre respondió que me callara y que no hiciera ruido.
Recuerdo tirar decenas y decenas de cartas que nunca le di a una ex novia.
Recuerdo ver La mala educación de Almodovar y no poder dormir.
Recuerdo haber contado la cantidad de veces que dijo la palabra "yo" mi profesor de teatro de la preparatoria.
Recuerdo haber pensado que En el camino de Kerouac era la novela más poca madre que había en el mundo.
Recuerdo haber llorado más cuando se murió mi perro que cuando murieron mis abuelos paternos.
Recuerdo el crujir del hueso de mi brazo al quebrarse.
Recuerdo siempre haberle creído a mi papá cuando me prometía Disneylandia.
Recuerdo haber tenido miedo de no tener amigos en la universidad.
Recuerdo una noche que me intoxiqué por unos ostiones caducos y vomitar negro.
Recuerdo haber propiciado decenas de infidelidades.
Recuerdo ser inmensamente feliz cuando llovía en domingo.
Recuerdo imaginar que en España todo era rojo; ropa, casas, aceras, pavimentos y cubiertos.
Recuerdo que las caricaturas de los Looney Tunes me deprimían mucho pero aún así las miraba.
Recuerdo el día en que me di cuenta que aquello de la ortografía es pura elegancia y a veces hasta pedantería.
Recuerdo poder oler la menstruación de las mujeres que quiero.
Recuerdo coleccionar la piel que le arrancaba a mi padre de sus dedos y codos. Recuerdo guardarla en una cajita de Blockbuster donde venía un cartucho de Super Nintendo que jamás regresé.
Recuerdo que mi hermano tenía un vocho azul. Recuerdo que un sábado en la noche tomó la segeta de la caja de herramientas y le quitó el techo. Recuerdo a mi hermano en su vocho convertible. Recuerdo a mi hermano temblando de frío en su vocho convertible.
Recuerdo llorar mucho cuando mis amigos de la primaria me dijeron que ir a mi casa era horrible y que no la pasaban bien.
Recuerdo tomar el impermeable amarillo de mi papá cada que llovía muy fuerte y salir a la calle y ver cómo las vecinas me miraban.
Recuerdo ser feliz cuando mi madre me dejaba faltar a la escuela.
Recuerdo haber visto Taxi Driver y no poder creer que Jodie Foster también tuvo alguna vez catorce años.
Recuerdo dormirme borrachísimo en la tina del baño de un hotel en Monterrey.
Recuerdo Monterrey.
Recuerdo Guadalajara.
Recuerdo una noche que nadie podía hacer dormir a mi sobrino y entonces yo lo cargué y se durmió.
Recuerdo ser muy feliz cuando mi mamá le ponía voz a mis perros y hacia como que conversaban conmigo.
Recuerdo de pronto encontrarme en la camioneta de un profesor de la universidad, él me llevaba a casa de un amigo y yo, recostado atrás, añoraba que el alcohol se me bajara mientras le contaba de una chica que estaba engañando a su novio conmigo.
Recuerdo escuchar la banda del chico que estaba siendo engañado por su novia y no querer admitir que tocaban bastante bien.
Recuerdo el día que admití que tocan bastante bien.
Recuerdo una noche en la que descubrí a un hombre abusando de una niña entre los árboles que adornaban la banqueta que daba al frente de mi antigua casa. Recuerdo correr a decirle a mi mamá y recuerdo llorar de coraje mientras veía a los policías esposándolo.
Recuerdo a mi maestra de español de la secundaria preguntándome si me gustó Aura. Recuerdo su cara cuando le dije que no la leí porque no entendía por qué estaba escrito así.
Recuerdo a mi hermana llorar en la final del primer Big Brother mexicano.
Recuerdo a mi papá fumarse un cigarro todas las noches en la cochera de la casa. Recuerdo salir a hacer figuras con el humo y recuerdo a mi papá diciéndome que yo soy un fumador en potencia.
Recuerdo memorizarme un poema de Byron. Recuerdo el día en que quise recordarlo y no lo recordé.
Recuerdo el día en que mi papá llegó por la mañana y empezó a meter todas sus cosas en un montón de cajas. Yo me arreglaba porque iba a salir con mis amigos. Recuerdo que mi papá me dió cincuenta pesos porque le dije que iríamos a comer.
Recuerdo un día despertar y darme cuenta que lo más maravilloso que me pudo haber pasado como hombre es que lo último que haya visto haya sido ella y lo primero que vi al despertar haya sido ella.
Recuerdo tener seis años y decirle a mi hermano que tenía muchas ganas de saber qué se siente estar enamorado. Recuerdo que mi hermano me llevó a la Deportiva y buscamos orugas, me dijo que estar enamorado es como tener mariposas en la panza. Me dijo que me las comiera. Tragué dos orugas procurando no masticarlas, quise que llegaran enteras a mis intestinos-





Veintisiete de Julio del 2011

Antecedentes geográficos

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 3:01 a. m.

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"Yo soy de ése lugar
donde los terremotos
le exprimen a la tierra
cierto perfume
que algunos no toleran.


Me gustan tanto
los incendios
y ese lácteo aroma
que dejan las cenizas
sobre tu cara.
Ramita confundida."

Escribió el enamorado con manos de flor. Se fué a dormir con la calma de quien se siente satisfecho, y justo al cerrar los ojos, encontró aquel pretexto que sirve para revivir a las flores, halló la paz anidada en el cuello de otra mujer más nebulosa. El enamorado respiró su sombra y al caer en las profundidades del sueño, se dió cuenta de que la muerte se aleja a paso veloz, pero con una mueca horripilante.

Veinitres de Julio del 2011



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Existe un pequeño estanque
situado entre cada monte
                      (aquellos que se incendian)
donde yo sumerjo mis diez dedos
en la espera de que algún pez
- con luz propia - 
venga a reventarlos
o siquiera
a platicar con ellos.


7.37 PM



Cadáver exquisito / Aniela Rodríguez y Jesús Carmona.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:13 p. m.

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Se está cayendo. Ya no esperamos a ese monstruo de nombre perruno detrás de la puerta, ni saboreamos lo amargo del reencuentro en ese rincón que sirve de punto ciego. Compartimos lo que nuestros ojos trituran, esa profunda tristeza de saberse niño extraterrestre, ese dolor de quien se siente silencio entre la música de los animales. Aniela, la vida es una serie de conceptualizaciones de la vida, la vida es el equivalente a enumerar los recursos que el lenguaje nos da. Ya no somos niños, Aniela, somos algo más sobreadjetivado. Qué risa.

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Cadáver Exquisito
Aniela Rodríguez / Jesús Carmona

Tengo una oscuridad llena de peces
y de ausencias ebrias rompiéndose en los muros.
Caer sobre la lava que se acurruca en mis arterias
formulándome ecuaciones de lodo en cada mirada,
un ojo mira escondiéndose el tiempo
y gritan ennegrecidos los demonios de mis manos
ojo abeja más sombrero que epilepsia, más diamétrico
más nubes limpias en la mitad del grito. Bisonte ciego.
Yo también oigo llover cuando el ruido está durmiendo
temeroso, palpo la voz que llega de la herida,
palpo el sol que hornea mis pestañas
con voz profética, voz de quien se sabe desquiciado.
Mi lengua escupe remolinos de agua sucia
en la garganta tengo secuestradas treinta mariposas
en mi vientre está encerrado el insomnio de un tigre, 
en mi espalda se forma una tundra llena de etcéteras,
son astillas de cobre las heridas en mis huesos
telarañas luciérnaga se me enredan, ejércitos fantasma.
Olorcito a manantial, el alba me desempolva la sombra,
qué rico es quererte así de muchito o pocote
como un gato tísico
quererte con luces casi me deja sin dientes,
boquita como ojo carmesí, ojo infierno.
Jugar como perros
como quien abraza el basurero para encontrar un beso
pero yo también dejé en prenda las mordidas de espuma
pero él se mantuvo al márgen de cualquier signo de interrogación,
y todos gritaron "¡Morí justo en el instante en que pisé mi sombra!"
evidentemente, el sol jamás volverá a ser lo mismo
nos salvan de la muerte para amarrarnos las estacas,
nos lanzan a la miseria que implica el llanto
lanzándonos a una crepitante hoguera de alacranes,
nos cortan la lengua con gotas de lluvia.
Para mirar abajo nos faltan pestañas
y mirar al cielo me llena las uñas de vergüenza,
gloria al infierno porque allí estaremos acompañados.
Éste canto se desolla en el rostro del más triste de los solsticios
un dios nos vigila para arrancarnos los dedos.




Aniela Jesús,  15 / 7 / 2011, 1.25 PM


Diecinieve de Julio del 2011

Cadáver exquisito / Iván Ortega y Jesús Carmona.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:46 a. m.

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Yo también extraño Pizza Hut, Iván, yo también quise siempre un Tamagochi. De verdad, Iván, yo siempre quise ser un papalote atado a los hilitos del sueter de alguna mujercita más linda que las nubes. Espero que tú y yo nunca caminemos chistoso, espero nunca le salvemos la vida a alguien. Tengo fe en que ellas nos dirán que esto no es un poema. Esto no es un poema.

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Cadáver Exquisito
Iván Ortega / Jesús Carmona

Un fuerte estrépito se asesina en la tienda de cráneos
de colores inexplicables se adorna tu pecho de pantera oxidada
habrá que analizar el efecto que esto produce en el público
y empezar a financiar eventos similares
escala cromática atípica en re sostenido miércoles con séptima
y sobrealimentar bebés para propósitos bélicos.
Seremos el orgullo de mamá y papá
seremos el orgullo del partido.
Patiremos a cabezasos la nostalgia que brota de nuestras flores,
brujitas truenan en el patio de tu llanto
brujitas truenan con el sonido de Dios
diremos adiós a los piratas.
Sembrar el miedo en el alfabeto de las ratas
comernos la sombra de tus dedos con algo parecido a la desesperación.
Hoy el gobernador ha anunciado que los perros
estarán prohibidos desde ahora
y ni siquiera los gritos de tu sombrero lo podrá evitar
aunque te muerda la mierda del cráneo y haga llorar a tus cabellos.
En tu llanto en tu llanto en tu llanto
en tu llanto en tu llanto en tu llanto
yo ya no entiendo éste frenesí
un espejito de dulce me habló en francés.
No tengo la culpa del color de los humanos
quiero comer un sandwich y tomar naranjada
me da coraje no ver cómo no te explota el lenguaje
deberías volar un poco, más de lo que por sí.
Diseñamos nuevos pájaros más expresivos
con motor para ra ra rá el otro día.
Ella me dijo "tu corazón y el mío le hacen cosquillas a la cama"
una tarántula apareció y no quiere que la molesten
estoy tentado a darle a un lugar a todo lo anterior
dentro de una colección de panfletos políticos.
Encontré también la certeza del moribundo
subí a un juego mecánico que se llama HEMORRAGIA NASAL
ahora yo agragaré a lo semejante.
(ilegible)

Iván Jesús,  15 / 7 / 2011, 5:09 PM



Dieciocho de Julio del 2011

Cadáver exquisito / Jehú Coronado y Jesús Carmona.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:02 p. m.

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En mi viaje a Monterrey quise recaudar muchas cosas, solamente logré juntar notas y bibliografía a conseguir. En mi último día brotó el cadáver exquisito como un recurso - sí, desesperado - en donde podía sintetizar, quizá fielmente, el talento o la escuela de algunos de mis compañeros. Sólamente pude elaborar tres: con Jehú Coronado (Santa Catarina, Monterrey), Iván Ortega (Ciudad de México) y Aniela Rodríguez (Chihuahua Chih). Un cadáver quedó pendiente con Gerardo Grande (Ciudad de México) y se elaborará, probablemente, a distancia.


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Cadáver Exquisito
Jehú Coronado / Jesús Carmona

Muy adentro, Dios nos come con las ansias de una perra
muy despacio, nuestros huesos adornan el altar de tus entrañas
muy espaciadas, como el absoluto del silencio cuando gritan
resulta que la mañana es un jirón de grapas en la boca
y esos reptiles que nos platican de la muerte
se obsesionan con tu andar de nubecita desmembrada
y si quieren se quedan como marcas, y se abren y se escurren de la espalda,
la misma de la que hablan las palabras, moscas que son solo adentro de las bocas.
Como canicas de baba dura que explotan en luz verde
y cuando semejante espectáculo aparece, alguien llora con voz de constelación,
pero, a mi madre, no le importa si me dejo rescatar por esos cuervos
no vaya a ser que las mujeres no sean lo suficientemente necias para acusarnos
me da mucho miedo ese fulgor que sueltan ellas cada que se desvanecen
o cada que respiran el perfume de algún poema todavía no escrito.
Porque el verso es una máscara de gas pimienta
una creación que no tenga que ver con la caída,
que el fértil suelo sea una calurosa bienvenida
a nuestro rostro que jura seguir sonriendo
jauría en su jaula girando
detenerse a mirar lo cariñoso de la asfixia,
como aquella noche, cuando nuestras uñas poblaron un continente nuevo,
como aquella tarde, donde tu voz se comió a todas las arañas del mundo.
Chigada madre, qué bonitas eran las rimas,
hubiera sido una tontería seguir con ésta garganta de pingüino
o también derretir las jaulas de tus pestañas
y hablar cosas del diablo en voz bajita.
Recadito de insultos anónimos
avioncito en el ojo,
dejemos de perseguir a esa luna hecha de lugares comunes,
hogaza de pan de niño muerto.
Pero tengo una idea poco original de lo civilizado.
Langagne me la pela, oh Langagne nos la pelas.
Oh Langagne déjame huir 
déjame derramar poesía amarilla y ácida
que la poesía sea un hérpes
y salga a infectar la calle
como si realmente fuéramos algo serio,
algo con orina y dientes.


Jehú Jesús. 15 / 7 / 2011, 2:11 pm.





Diecisiete de Julio del 2011