Crónica de un ataque de ansiedad

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:08 p. m.


(La vellosidad de mi pretexto de piernas, la cybervulva que medía mis latidos
y la batita, oh dulce y aerodinámica batita)



Reía tumbado en el pasto, al lado de una mujer. Ella es igual que yo: le gustan las mujeres y tiene un déficit social de diagnóstico difícil. Reíamos. Cantábamos las penas de algún alcohólico ya muerto en un dulce y sacrílego ritual malinchista.

Talking about womans and betrays
the bottles were consuming
they ask me to sing my songs
and i sing a couple against them

Y después nuestros autistas cuerpos se embarraban en el cesped, sin prisa, sin dolor. Alguien se acerca. Es ese muchacho que toma tres clases con nosotros, nos mira de pie y él también ríe. Fuimos su última opción y al nos poder sacar provecho de nuestro risible estado, se fue. Y ya había que entrar a clase, porque nuestro trueque idiomático jamás iba a ser más importante que el análisis de la crítica periodística. Jamás. Una última y ya.

From the brunette chainsaw
pretty little sky
are coming down
a couple of little black eyes
pretty little sky
from the narc.

Y desde esa mañana ya traía el corazón medio travieso, desde hacía días. Cuando me acuesto a dormir la habitación retumba al ritmo de mi sístole y diástole. Duermo y se calma. Hoy un derrame adornaba mi ojo izquierdo y ciertamente me preocupó.

Entro a clase y una enorme diapositiva invade el pizarron: un par de labios están cerrados con un candado. El profesor repetía la frase "Lugares comunes" mientras cumplía lo común de su tic, ese de hacer para atrás el hombro izquierdo y echár para adelante la cabeza. Yo temblaba y sudaba caliente.

Salgo y todo está en cámara lenta. Llega mi padre y su hipertensión le hace mancuerna a mi noséqué. Empiezo a llorar hablándole de casi todo. Tengo miedo de morirme, porque evidentemente no soy ningún intento new wave de universitario protobudista. No. Yo le tengo mucho miedo a la muerte. 

Hubo un tiempo en que estuve enamorado de una muchacha que le fascinaba el olor de los hospitales. La boca se le inundaba en saliva y sus bracitos se le erizaban al recordar ese picante olor a sangre, orina y gritos. Me acostaron a dos camas de un anciano con parálisis cerebral. Gemía y berreaba. La desnudez de su arrugada cadera no se disimulaba entre ese cobijerío de las Chicas Superpoderosas. 

El médico tenía acento costeño. No usaba bata y su ajustada camisa amarilla hacía resaltar sus playeros pezones - quizá - escoltados por una infinidad de grusos y enrroscados vellos. Preguntaba a gritos - ¿dónde estudias? ¿qué carrera? ¿usas drogas? ¿fumas? ¿qué marca fumas? -. Y yo sentía cómo Hipócrates se revolcaba en su tumba.

- Delicados -  respondí. Me miró sin decir nada. Chasqueó la lengua y sonrió como fingiendo complicidad. Pinche mantarrayo ingenuo, se la quiere hacer de Dr.House, muy perspicaz e intuitivo. - ¿Y qué más fumas? -  preguntó ahora con voz de terapeuta recién titulado. - Nomás - dije encogiéndome de hombros. Se sentó a mi lado y guardó silencio, tamborileaba sus grasosas rodillas mirándome. Hice el mentón hacia arriba, gesto heredado de mi hermano, en griego antiguo (según Hipócrates) eso significa un "¿qué quieres?". - ¿y entonces por qué te pusiste así? - ahí fue donde me di cuenta que realmente él siempre quiso ser detective, ansiaba que se me desencajara la cara y confesara que fumo piedra, diluyo LSD en mis globos oculares y encima tengo dos hijos con muchachitas de secundaria. Dije sonriendo - ¿Y yo cómo por qué voy a saber? usted es el doc - soltó una risotada y me palmeó fuerte el hombro, antes de salir del cuarto, se le quedó viendo a mi compañero de cuarto y dijo dirigiéndose a mí - Orita viene una doctora y te ensuera para que se te baje el desmadre que traes, te vas como en una media hora, no te apures -. 

La doctora no llegó una hora después . Sin suero. Era muy guapa. Un marcadísimo acento chilango salía de su blanquísima sonrisa. Se presentó y confirmó lo que me esperaba. Crisis de ansiedad. Preguntó si tomaba algún antidepresivo, cuántos intentos de suicidio, cuántas mutilaciones autoinfringidas, cantidad de crisis similares durante el año. Yo no quería que se fuera, yo quería seguir respondiendo esa bola de pendejadas protocolarias para siempre, quería que se quedara ahí conmigo y que me contara su vida estudiantil en la UNAM, que me contara cómo es Coyoacán, cómo es Chilpancingo, cómo son Las Islas de la facultad de Filosofía y Letras. Que me contara de sus novios, de sus alergias, de sus intentos de suicidio y de la marca de su pasta dental. 

Se fue y me dejó solo. Solo con mi ridícula batita y con un moribundo a tres metros de mí. Berreaba y las enfermeras iban de vez en cuando a acariciarle su rígido cuello diciéndole cosas como si fuera un animalito. Dormí unos minutos, mi corazón ya era simplemente un pequeño cascabeleo amplificado. Soñé cosas con perros, cruces y flores.

Llegó el doctor Columbo y mirando el aparatejo que se conectaba de mi dedo índice exlamó - ¡Pos si ya estás a toda madre compi! en chinga le hablo a tu papá para que ya le des la cama a alguien más -. Lo imaginé seduciendo a la otra doctora y siendo rechazado de la manera más humillante. 

Mi padre me ayuda a vestirme, en silencio. Su hijo se está convirtiendo en el estereotipo de todos esos escritores rusos que leyó cuando era joven. Al salir del hospital y ver la taquicardia de la calle, me dice con cautela - Te dieron cita para psiquiatría. Me imagino que no irás, porque si no me equivoco tú ya vas con uno ¿verdad? - Y justo en ese momento me dieron unas terribles ganas de fumar piedra, mutilarme mis vellosas piernas y penetrar a múltiples menores para ser un padre precoz.

No le respondí. Llegué a mi casa y no le dije nada a mi madre. Cené comida china. Escribo esto y mi corazón late furioso. Intentaré dejar de fumar.


Cuatro de Mayo del 2011

Comments (1)

Nos reímos agusto un rato, eso sí.

Ahora sí en serio, por favor... u_u

Love you :)