Carta para leerse en voz alta en una mesa de lectura donde tú vas a estár, pero yo no.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 3:54 a. m.

Tienes prisa

 mucha prisa

Le dice un leño al fuego.


- Ko Un



 Pinche noche
la muy cabrona
saca lo más jodido
de mis entrañas
y tú estás tan lejos
como para asustarte
como para  hacerte decir
allí pasa algo.
Y es que la pinche noche...
la muy cabrona
asienta la distancia
y me dibuja en la mente
la voz de algún muerto
que habla
sobre propiedad privada
y esas cosas 
que mi papá
en su juventud
refutaba con enjundia
ya me lo imagino
a mi papá
a tu protosuegro
repartiendo chingaderas
antipri
antitodo
antiél
y él
amainando el típico miedo
que se le tiene al comunero promedio
sonríe como Marx
no ese Marx
no el judío oportunista
yo digo Groucho
el de la Sopa de Pato
el del andar chistoso
mientras empapa el papel
de sus Camel unfiltered cigarrettes
con una mano sudorosa
que bailotea nerviosa
dentro de la bolsa de sus jeans
Levi Strauss

Pero eso sí...
la noche en tu casa
duele.
Como aquella noche
que se te cruzó
el pisto
y la medicina para la tos
y entre sueños me advertiste
tu taquicardia,
entonces yo quise 
que ese palpitar desquiciado
fuera mío
y que en mi sonrisa
estuviera instalado
un control remoto
universal.
Toda la madrugada
(aquella madrugada)
mis manos quisieron temblar
en la infame constelación
de tu  silencio.


Esa sí fue una noche
requetepinche...
cuando la abogada
que quiere mis libritos
comunistoides
se fue a dormir
y me dejó solo contigo
es decir
con tu dormir.
Yo hacía ruiditos para despertarte,
flaca,
incluso hasta saqué mi cuadernito
y te escribí un poemita
e hice mucho ruido
arrancando la hoja
pero ni así te desprendiste del sueño
porque quizá ese sueño
realmente era tuyo.
Lo más bonito 
de esa noche 
tan mierda
fueron todos los ángulos
en los que pude ver tus manos
¡ah qué pinches manos
tan más chulas!
me gustan tus manos,
flaca,
porque son tu código de barras,
es que tus manos me gritan
en su idioma de uñas y venas
todo lo que te quiso matar
alguna pinche noche.

También fue bonito
jugar a ser perros.
Te contaré rápido,
flaca,
mis amigos y yo
tenemos un juego
que se llama
''perro''
te juro
que ese juego
es nuestro.
Consiste en imitar a los canes,
en emular sus juegos
y es que nos da risa
porque al traer ese frenesí
animal
al campo humano
parece que rozamos
esa delgada y vellosa línea
que divide lo puéril
de lo indecente.
Tú y yo
jugamos a ser perros,
flaca,
en esa habitación sin ventanas.
Pero nadie se quedó pegado
el uno del otro
o quizá yo de ti
un poquito
una chingaderita...
de tu sombra 
o del deseo que se enrolla
en tu cintura 
de avispa protectora de tarántulas.

Pero tú no te pegaste.

Tú eres de él
yo no soy de nadie
él es de ti
lo suyo es de ustedes
lo mío se vuelve
en ocasiones
de ti.
Pero lo que me da gusto,
flaca,
lo que puedo sacarle de bueno
a ésta pinche noche
llena de teorías
materialistas
es el hecho
de descubrirme algo.
Caí en cuenta de poseer
dos tremendas habilidades
que me perdonan el infame error
de no ser músico.


La primera:
Gracias a Dios
(O a María Montesori)
se diferenciar
la erre
de la ele.


La segunda:
Gracias a Marx
(O al reaccionario de tu cuasisuegro)
se cuál es la diferencia
entre el amor
y un par de zapatos.


Veintisiete de Marzo del 2011























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