Ejercicio I

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 8:05 p. m.

Qué fastidio,
qué frecuente es
la manía de lamer el fuego
cuando nuestra lengua
toma ese infantil impulso de hacerse
hierba
o nube.

Una verbena de moribundos complejos,
el vacío curvado que se introduce
- en frío -
hacia un campo todavía jadeante.

Pero me muero.
Me muero ciego.
Me muero en tu mente de pájaro moribundo,
de fruta en su ataúd de ébano y roble frágil,
fruta enterrada que baila en la muerte
de la tierra que la abraza,
tierra que quiere morir
porque cuando respira
infla la piel de algún amanecer,
y cambia la mueca dolorosa
de ese aroma rosado y antimuerto,
que hace que a la muerte
le de hambre y se esconda.

La muerte se agazapa en algún árbol
donde cuelga alguien que estuvo triste,
y de ese colgado gotea algo púrpura,
y quema,
lo juro,
quema,
pero no me mata.

Gota tras gota,
alguien grita en el monte,
en la calle,
en el edificio,
en la hacienda,
en el sótano.

Algo se mueve dentro de la muerte,
algo con dientes,
algo que no sabe hablar.

Algo dentro de la muerte
se desviste
para cambiar todo lo que algo,
alguna vez,
en el monte o en la calle o en el edificio o en el cielo,
fue un muerto.

Esto no es ningún ejercicio triste,
no es una invocación desvergonzada.
Es
más bien
el equivalente a una rana zambulléndose en la lava,
el niño comiéndose sus propios dedos,
el suspiro antes del despertar,
el beso con viruela,
el chubasco de perfume invisible
el caminar flotante de mi equivalente
el extravío de mis uñas en la sopa
el indigno brillo de una neumonía
el desayuno, la comida y la cena
                     [en un orden casi fulminante]
el arcoíris parlante
                rojo: adentro de la voz del enemigo un miedo se camufla entre flemas y aire
                naranja: ondula mi ventisca con tus brazos de sirena ardiendo
                amarillo: porque mi piel se cae cuando de tus pasos se levanta aquel fantasma
                blanco: lavé tu sombra
                verde: se mi sed
                azul: un amigo mudo se asoma por entre mis dedos
                violenta: correr hasta hacerse polvo, hacerse polvo para no poder correr
el funeral del desierto
el amor
el amor encajonado
el amor que se absorbe
el amor que migra
el amor sepultado
el amor sin brillo
el amor más secreto
el amor a cucharadas
el amor como costra en la mirada
el amor que el viento tatúa en tus piernas
el amor que viaja por mis venas en forma de grito
el amor que es música de abandonos
el amor que no quiere ser amor
el amor que se quita las vendas y muestra el eco de algún otro dolor
el amor frío que besa con todo y humo
el amor buscando piel

Mañana tomaré tus palabras
como el decreto infalible
de algún rey desesperado.



Dieciocho de Febrero del 2011

             

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